La desagradable historia de Amalia Contreras - 5ta parte

La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.

Karen Blixen

Mientras escuchaba cada una de mis palabras atentamente, Amalia hacía mohines y gestos propios de una jovencita, se veía realmente interesante y era más que evidente que parte de su trabajo era detallar al máximo cada cuestión que tuviera que ver con el proyecto que abordaríamos en la reunión a realizarse rato después. Ese primer encuentro y la conversación — nada personal — me hicieron interesarme por Amalia. No desde el punto de vista hombre – mujer, no, sino más bien por el simple hecho de lo curioso que me resultaba encontrarme con una latinoamericana tan lejos de nuestras cálidas tierras.

Hora y media duró la reunión, se discutieron plazos, materiales, equipos y la logística a ser usada en la ejecución del proyecto. Lamentablemente para mi, Amalia no estuvo presente, una vez que me presentó a los directivos de la empresa, se retiró de manera inmediata, dejándome nuevamente sin poder decir nada.

Al terminar la reunión, el señor Asbjørn Hjejle, presidente de la compañía y cuyo apellido es impronunciable para mi quedó gratamente impresionado. Y sin pecar de inmodesto, no podía ser de otra manera, los ahorros que les mostré eran bastante significativos y por ende las ganancias serían mucho mayores. Estuvimos conversando un rato más y me preguntó que me había parecido Copenhague, el tono con el cual hizo la pregunta me mostró un sano orgullo que no quise ofender. Le hablé de lo hermosa que me había parecido la ciudad, de lo mucho que había disfrutado del clima y de la calidez de la gente. Sin embargo, agregué, no he tenido el placer de pasear de verdad por la ciudad, mencioné lo interesado que estaba en conocer el Nationalmuseet, el Det Kongelige Teater y la Den lille havfrue — en mi experiencia como asesor internacional, aprendí que es bueno investigar sobre las ciudades que se visitan. El señor Hjejle se sorprendió mucho al escuchar la mención de aquellos importantes lugares de la ciudad y dándome un fuerte apretón de manos exclamó: —Sr. Casas, ¿puedo llamarlo Alexander?
—Por supuesto señor Hjejle, no faltaría más. Me honraría usted.— Le dije ofreciéndole una franca sonrisa y devolviendo su apretón de manos.
—Bueno Alexander, yo mismo me encargaré personalmente de que su visita a Havn sea lo más placentera posible. Además le advierto que estoy al tanto de que su nombre no se pronuncia de la manera en que lo estoy haciendo, pero mi español es peor que mi inglés.

Sonreí en verdad encantado por la educación y caballerosidad de aquel gigante de más de dos metros de estatura. Soltamos nuestras manos y de inmediato Hjejle hizo una seña hacia una de sus hermosas y muy rubias asistentes. La diligente joven se acercó de inmediato y hablaron en danés quien sabe de que cosas. La jovencita me miró como estudiándome y luego partió, saliendo de la gran sala de reuniones.

—Ahora debo dejarlo Alexander, pero quiero reiterarle que me encargaré de que esta noche y mañana sean dos días que pueda disfrutar a plenitud en mi amada ciudad. Ha sido un placer hacer negocios con usted, seguramente estará escuchando sobre nosotros más seguido…
—Señor Hjejle, disculpe que lo interrumpa, pero quisiera hacerle un comentario sobre uno de sus empleados antes de partir.— Su rostro cambió de inmediato mostrando algo de preocupación, por lo que agregué: — No es algo negativo, por el contrario. Lo que deseo es que le informe a la señorita Amalia Contreras de mi gratitud por tan amable recepción y por las atenciones que me profesó durante el tiempo que compartimos hoy antes de venir.

Su faz cambió nuevamente, esta vez dibujándose una sonrisa de alivio. Suavemente me tendió su mano y al soltarla dijo: —Puede estar seguro de que lo sabrá.— Luego de eso se dio la espalda y salió de la habitación. Detrás de él salió su séquito y quedé sólo en el gran salón. Terminé de recoger mi portátil y el equipo de proyector digital con el cual había hecho mi presentación. Luego de empaquetar todo salí de la habitación.

En el gran pasillo brillantemente iluminado se hallaban a cada lado las entradas de los muchos cubículos ocupados por empleados – todos rubios – que se afanaban en sus tareas cotidianas. Miré a mí alrededor buscando a alguien que pudiera ayudarme y me dirigí caminando, parsimoniosamente, en dirección contraria a donde había entrado.

Pocos metros más adelante, donde se cruzaba el pasillo por donde caminaba, casi doy de frente con la joven rubia asistente del señor Hjejle. La hermosa muchacha de ojos tan verdes como esmeraldas me sonrió apenada y sin dejarme reaccionar – al que parece costumbre en Dinamarca – se disculpó para, de inmediato agregar: —Señor Casas, abajo le espera un taxi, para llevarlo a su hotel. Esta noche a las ocho en punto le pasaremos buscando. Esta noche se estrena una obra del Royal Danish Ballet en el Det Kongelige Teater y le hemos conseguido entradas. El señor Hjejle desea que disfrute usted de nuestra hospitalidad.
—¡Muchísimas gracias!— exclamé —señorita…
—Abelone, mi nombre es Abelone. Entonces esté listo para pasar buscándole señor Casas. Hasta luego. Ahora permítame acompañarle hasta la salida.

[Continuará...]

Sólo 9 hablaron pajita

More Baker | 08 abril, 2008 19:57

Eres cruel!!!!
Cruel!!!
Nahhhhh!!
Qué buena se pone la cosa!!
Por una parte lamento que estés tan ocupado en tus cosas, pero por la otra me da gusto saber que te va tan bien!!
Abrazos cariñosos, querido!

Lili | 08 abril, 2008 23:27

Fabuloso.... nos mantienes en suspenso... voy a aplicar la misma técnica en mi blog...
Abrazos.

DulceJeny | 09 abril, 2008 14:31

HOLA AMOR, DISCULPAME LO QUE TE VOY A DECIR PERO ERES UN PICHIRRE, JAJAJA, MAS, MAS...
DULCES BESOS,
JENY

Ricky del Norte | 11 abril, 2008 13:20

Esta muy buena amigo Ernesto pero así creo que llegaremos al 2012 y todavía seguiremos leyendo la historia de Amalia!!!.
Saludos.

3rn3st0 | 14 abril, 2008 17:16

More: ¿Cruel, moi? Jamás, tal vez algo morboso, pero cruel no. Gracias por los abrazos :-)

Lili: Si haces eso, renuncio a tu blog, lo mejor que tienes es el hecho de que eres directa y sin embagues. No, no señorita, eso no :-)

DulceJeny: Pronto, pronto, pronto ;-)

Ricky: Si ese fuera el caso, entonces ya tendría mi primera novela ;-)

CHJ | 22 abril, 2008 13:35

Me encanta!

ElPekeMatrix Responder | 14 mayo, 2008 23:16

BuenIsimo texto el que por casualidades de la vida o decisiOn del destino lleguE a leer, esperarE con Ansias una 6ta parte y las que vengan.

LastimOsamente no tengo el placer de conocerte, pero debo reconocer que tienes un gran talento para decir las cosas y llegar a los lectores, con suerte aprenderE las tEcnicas que usas y ese modo tan particular de expresarte.

Disfruto mucho leer post en diferentes foros de contenido tan interesante como los que haces.

Me despido y reitero lo que puse en mi primer pArrafo resaltando que espero continuaciones de ''La desagradable historia de Amalia Contreras'', cuIdate mucho man.

Un abrazo, bye (:

PD:LeI lo que escribiste sobre candy, admiro lo analItico y suspicaz que fuiste.

---humilde opiniOn de un chiko de 15 añoz---

3rn3st0 | 14 mayo, 2008 23:27

CHJ: ¡Me alegra saberlo! :-)

PekeMatrix: De seguro que las habrá, no tengo idea de que va a ocurrir, pero te aseguro que quienes siguen la historia (incluyéndote) se enterarán primero que nadie. ¡Bienvenido!

Matrix | 15 mayo, 2008 01:10

Muchas gracias por la gustosa bienvenida (: y para no ser redundante me limitarE a esperar la conticuaciOn, pues leyendo los posts que dejan en tus textos, creo que los elogios estan de mas.

OjalA algUn dIa pueda escribir tan biEn como lo haces tU, aunque debo confezar que historias como esta, me inspiran mucho y tal vez intente hacer algo original.Por el momento empezarE por ver como puedo crearme un Blog (o como se escriba) (: se ve muy interesante esto de tener una cuenta donde poner interesantes textos.

Me siento como si entrase a un nuevo mundo (: espero sea algo divertido. ^^

Un abrazo desde Perú.

Publicar un comentario

Éste blog es una vitrina sin limitaciones, escribe aquí lo que se te ocurra decirme, lo que piensas, lo que opinas, lo que te produjo la lectura que acabas de hacer, despotrica, alaba, insulta, reflexiona... Escribe, en definitiva, lo que te venga en gana.



Me interesa lo que opines. Tienes toda la libertad para decir lo que te provoque, no creo en la censura.