La desagradable historia de Amalia Contreras - 5ta parte
La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar.
Mientras escuchaba cada una de mis palabras atentamente, Amalia hacía mohines y gestos propios de una jovencita, se veía realmente interesante y era más que evidente que parte de su trabajo era detallar al máximo cada cuestión que tuviera que ver con el proyecto que abordaríamos en la reunión a realizarse rato después. Ese primer encuentro y la conversación — nada personal — me hicieron interesarme por Amalia. No desde el punto de vista hombre – mujer, no, sino más bien por el simple hecho de lo curioso que me resultaba encontrarme con una latinoamericana tan lejos de nuestras cálidas tierras.