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Cómo ser un escritor millonario - Actualizada

Hace tiempo que viene germinando esta idea en mi cabeza. En muchas oportunidades he mencionado el hecho de que deseo ser escritor, mi máximo anhelo sería escribir una gran novela – no culebra, ojo – y verla publicada en muchos idiomas. He participado en algunos concursos aquí y allá, he escrito para algunas revistas, alguna que otra nota periodística y bueno, hasta ahora el triunfo ha sido esquivo conmigo.

Me visualizo con una pipa sentado de piernas cruzadas, con una barba que nunca termina de crecer, lentes de pasta, frente a mi alguna joven periodista más interesada en que se sepa que me entrevistó que en la propia entrevista. Estaría yo siempre pendiente de dar declaraciones inicuas, dándomelas de gran intelectual, manejando un vocabulario que sólo unos pocos elegidos, digo eruditos, de la lengua castellana podrían entender hablando mucho y diciendo poco.

¡Ah!, encanto de vida sería esa. Sin embargo, hasta ahora el sueño ha estado esquivo, tanto así que hasta sufro de insomnio. ¿Qué hacer?, ¿qué deberé escribir para atraer a las masas?. A esta tarea me dispuse y me decidí a recorrer algunas tiendas donde venden libros – fíjense que no digo librerías – la idea era verificar cuales son los textos que más se venden y así tomar esa dirección. Caminé sin ton ni son, de aquí para allá y en todos esos comercios pude observar mercadería de igual o parecida procedencia intelectual: Libros de autoayuda.

He aquí algunos de esos textos. “Al infierno se va en pareja” de César Landaeta. “Seis sombreros para pensar” de Edward De Bono. “El gato que encontró a Dios” de Robert Fisher y Beth Kelly. “El Perdón. 100 reflexiones” de Deepak Chopra. “Guía para convertirse en millonario” de Ken Blanchard y Sheldon Bowles. “Ama y no sufras” de Walter Riso. “Al encuentro de una vida propia” de Sheldon Kopp. “El caballero de la armadura occidada” de Robert Fisher. “El éxito no llega por casualidad” del Dr. Lair Ribeiro. “Marte y Venus (en la cama)”; “Marte y Venus (de novios); “Marte y Venus (hacen las paces)”, trío de John Gray. “Amor, divina locura” de Walter Riso. “El poder del ahora” de Eckhart Tolle. Casi podría seguir infinitamente pero la verdad creo que ya saben de que hablo.

Ahora bien, ¿qué tienen de especial los libros de autoayuda?. Compré no menos de trescientos cuarenta y tres de estos libros y en ninguno encontré nada que no me hubieran dicho en mi casa: mi abuela, mi abuelo, mi madre o mi padre. Debo admitir eso si, que los autores de estos libros extienden las explicaciones de una pocas palabras oralmente expresadas por mis familiares a cientos y hasta miles de páginas conceptualizando y maquinando sentencias que se convierten en motivo de culto para millones de lectores en todo el mundo.

¡Eureka!, había encontrado la gallina de los huevos de oro. Ahora sólo me restaba empezar a escribir mi biblia de autoayuda para incautos.

Un título, necesitaba un título para mi primer best-seller. “Cómo trampear escribiendo y hacerse millonario burlándose de la buena fe de otros”. Ese es un buen título, era largo, estúpido y daba cabida a opiniones divergentes sobre el contenido del texto. “Amar sin ser amado, o como joder a otros y que parezca otra cosa”. Mejor, ese título estaba mejor, todos queremos ser amados pero sin dar nada a cambio. Sin embargo faltaba algo, era necesario dar con un título y un tema que resumiera mis ideas. Fue así como surgió el título que será el máximo vendedor en eBay. “Escriba su propio best-seller, conviértase en un gurú de las letras, hágase millonario y sea feliz”. Ese, ese sería el título de mi libro. Con ese mi sueño de dar entrevistas y fumar pipa se haría realidad.

Y he aquí el comienzo del libro, lo acaban de leer. Porque todos esos libros se basan en experiencias propias de los autores, en la sabiduría que les ha dado el ir superando sus propias limitaciones en darse cuenta de cuales son sus fallas y errores. Así que entonces éste es el primer capítulo de mi querido libro.

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Para pedidor al mayor, diríjase a la librería virtual más cercana a su ratón óptico (si tiene un ratón de bolita no importa, da lo mismo).

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Actualización: Tuve que deshacerme de mi plantilla, tomar una de las nuevas de Blogger y soportar la pérdida de muchas horas de trabajo. Ahora me toca volver a empezar... :-(
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Alcohol y muerte

Se levantó con dificultad. La noche anterior había sido una orgía de alcohol, donde la bebida y el cigarrillo fueron los protagonistas principales de una historia que parecía no terminar. Su cabeza palpitaba como queriendo estallar. Sus manos temblorosas estaban manchadas de un color que evidenciaba el consumo exagerado de tabaco. Su boca estaba seca y sus labios partidos debido a la pérdida de líquidos.

A sus pies algunas botellas y muchas colillas adornaban un piso sucio y descuidado. Sentado así, al borde de la cama, con sus brazos posados a sus costados miro alrededor y apreció la basura en que se había convertido su hasta ahora mal llamada vida.

Volteó por encima del hombro. Dormida aún estaba una mujer. ¿Quién sería?, ¿cómo se llamaba?. – Debo dejar esta mierda – se dijo. Era lo que siempre se repetía así mismo luego de esas noches de borrachera. Sabía que se mentía así mismo, pero era evidente que su mundo se derribaba poco a poco debido a los excesos. Días antes había perdido el trabajo, lo habían despedido debido a las faltas injustificadas motivadas a sus trasnochos.

Revisó algunas de las botellas y encontró una con algo de bebida, empino el codo y se tomó el resto del ardiente líquido. Luego escupió, era desagradable, pero era la única manera de matar rápidamente la resaca, era algo que había aprendido hacía ya tiempo.

Al levantarse perdió el equilibrio y resbaló en algo que parecían restos de comido. Calló aparatosamente rompiendo algunas botellas. Trató de incorporarse, el cristal roto de las botellas le había causado algunas cortadas y sangraba. Sin embargo su cuerpo no respondía, sus manos y brazos no se movían, sus piernas hacían movimientos sin sentido, como las piernas de un bebé.

Sus ojos se abrieron en una mueca de terror. Quiso gritar, pero un sonido gutural fue lo único que salió de su garganta. Intento nuevamente elevar su voz en un pedido de ayuda. Nuevamente ese ruido horrible salido de su garganta fue lo único que se escuchó. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, su cerebro o lo poco que funcionaba de él, empezó a darse cuenta de lo que ocurría.

La mujer en la cama continuaba profundamente dormida. El seguía allí tirado en el piso, sangrando y sin poder hacer que su cuerpo le obedeciera. Estaba muriendo, ahora lo sabía, estaba muriendo y no podía hacer nada. Un olor nauseabundo empezó a inundar el aire y se dio cuenta de que había perdido el control de los esfínteres. ¡Ahora estaba cubierto por sus propios excrementos!. No era esa la manera en que deseaba morir. ¡No!, era él un hombre que había logrado muchas cosas, que había alcanzado los puestos más altos. ¿Es que acaso un trago más hace daño?.

Cerró los ojos y trató de visualizar su vida. Alguna vez tuvo una esposa, hijos. ¿Cuántos?, no lo recordaba. Quiso recordar sus rostros, y no pudo, quiso recordar sus nombres y tampoco pudo. Las lagrimas seguían corriendo por sus mejillas, tirado allí entre su propia porquería, su sangre y sus botellas, sus amadas botellas. Siguió pensando, tratando de hilvanar algunas ideas, pero su cabeza era un enredo de luces que iban y venían. Tosió y al hacerlo su estómago se distendió. Sintió venir el vómito. Era así como terminaría todo.

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Los vecinos tumbaron la puerta debido a los gritos de una mujer. Estaba sobre sus rodillas, desnuda en una cama sucia, gritaba histéricamente y señalaba a un lado de la cama. En el suelo, rodeado de botellas, sangre, heces y vómito estaba el cadáver de un hombre. Sonreía sus ojos abiertos miraban al vacío.

NOTA: La imagen fue tomada de la página Saludalia.
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Carta a un amigo

Hacía días que no publicaba nada, en algunos blogs me he excusado, pero en muchos otros no ha sido así. Por eso les ruego dispensen a éste viajero que por motivos de trabajo estuvo ausente tantos días de la criollósfera.

Para resarcirme, paso a narrarles una historia que ha estado rondando en mi cabeza los últimos días y que luego de hacer algunos borrones me he decidido a publicarla. De antemano, quiero aclarar que es TOTALMENTE ficticia si alguno o alguna de ustedes se ve reflejado en ésta fábula es mera casualidad.

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Estimado amigo, te escribo esta carta porque estoy con la cabeza hecha un remolino. Mis pensamientos y sentimientos pasan de un lado a otro desaforados, desbocados. Me conoces, sabes que soy muy emotivo y por ende cuando amo, lo hago con locura y cuando odio puedo llegar a ser alguien de extrema maldad.

Es menester aclararte que lo que ahora me ocurre tiene que ver con la locura y no con la maldad. El problema es que no me encuentro loco por un amor, no. ¡Me encuentro loco pero a la cuarta potencia!. No se si me entiendes, pero estoy enamorado de cuatro mujeres.

Si, ya se que eso es ilógico, pero es cierto. No lo digo motivado por una extraña enfermedad ni porque mi cerebro haya empezado a ser disfuncional. Es cierto amigo, es cierto. Amo a cuatro mujeres y no se que hacer.

Muchas veces escuché decir por ahí que no se puede amar a más de una persona. Yo ahora puedo afirmar que eso es totalmente falso y lo afirmo con la convicción que me da el sentir que mi corazón y mi alma pertenecen a cuatro hermosas y talentosas mujeres.

Puedo imaginar lo que piensas, que soy un misógino que no respeta a las mujeres, que sólo justifico mi estado de mujeriego diciendo que amo a cuatro mujeres. Pero no amigo, lo que digo nace de lo más profundo de mi ser y no lo he inventado. Es más, he estado semanas pensando, analizando, estudiando mis propios sentimientos. Al principio inclusive me negué a mi mismo la posibilidad que ahora es una realidad. Pero luego de mucho cavilar se que lo que siento es tan real como el amanecer o como la lluvia.

¡Dios!, ¿acaso soy merecedor de tanto gozo y al mismo tiempo de tanta tristeza?. Es evidente que me siento dichoso por todo lo que esas mujeres me hacen sentir, pero al mismo tiempo mi corazón se colma de un profundo abatimiento. Se que esto no puede durar mucho, se que toda esta maravillosa realidad acabará pronto inclusive antes de que yo mismo pueda darme cuenta.

¿Qué hago amigo, qué hago si es lo que siento?.

Te preguntarás como es que puedo amar a cuatro mujeres al mismo tiempo, ¿cómo son?, ¿qué hacen?, ¿cómo lograron llevarme a esto?. Son tan disímiles entre ellas que resulta inexplicable como puedo sentirme atraído por personas tan diferentes.

Quiero describírtelas someramente para que te hagas una idea de que veo y que me hacen sentir. No diré sus nombres porque las conoces a todas y resultaría algo pedante y además una falta de respeto.

Una de ellas es intelectual, escribe. Su inteligencia está por encima del promedio y es sumamente fuerte como mujer. Su carácter es dominante pero sin ser impositiva. Me maravillo cuando se que admira las cosas que hago por el sólo hecho de que la considero mi igual y que esto no te suene a menosprecio hacia las mujeres, pero es eso lo que me nace cuando te hablo de ella. Cuando ama, lo hace con dulzura y suavidad.

La segunda es docta en leyes. De ojos grandes, piel suave como la seda e inteligencia intuitiva y sagaz. Adoro su risa y sus manos, así como la manera en que enfrenta los problemas. Con ella me siento que a quien amo, protege y cuida de mi. Su amor es apasionado, desenfrenado. Nunca el sexo ha sido tan sublime como con esa mujer.

La tercera, ella es muy especial. Estudia educación y adora a los niños. Es frágil como el cristal y su mirada denota un profundo amor hacia todo aquello que la rodea. Que extraordinaria sensación experimento al abrazar su talle y besar esos labios que siempre están dispuestos.

La cuarta es una vendedora en un mercado. Como río con sus salidas, con su altanería inocente, con sus ganas de ser amparada. A su lado siento que puedo dominar el mundo, me creo un dios, con una sola y única alma que me adora. El amor con ella es dócil, entregado, puros mimos, sólo ternura.

¡Hay amigo!, ¡hay de mi!. Estoy loco de amor y no se que hacer. Se que no es justo para ninguna, ¿pero sería justo para mi dejar de amarlas?. Se que no, estoy seguro de ello. Por eso te he escrito, porque necesitaba descargarme, necesitaba decirle a alguien lo que me ocurre, necesitaba que alguien supiera de mi felicidad y mi desdicha. No quiero consejos, porque serán inútiles, y se que viviré esto como si fuera el último de mis días.

He sido bendecido por el amor de cuatro maneras, todas sublimes, pero he sido maldecido por la desgracia de cuatro imposibles.

Dime ahora, ¿serías tu capaz de no amarlas a las cuatro cuando todas están allí para ti?. Yo no.

Hasta pronto amigo, hasta pronto.

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NOTA: La imagen que adorna éste post fue tomada del blog Pópulo.