Luxuria

No insista, porque no me siento culpable. Tal vez avergonzado, pero arrepentido no y quiero contárselo todo, trataré de no omitir detalles. No tiene que gritarme. Voy a decirlo todo. A ver...

Después de tomarme unas ocho o diez cervezas, el alcohol estaba ya haciendo su trabajo en mi cerebro. Medio adormilado, sentado en una silla en la barra de ese bar, me dedicaba a mirar las burbujas que subían a través del dorado líquido, mi mente estaba completamente distraída, me hallaba perdido en mi propia ebriedad, pensando sin pensar y viendo todo sin mirar nada.

Así estaba cuando el silencio me hizo despabilar, aún cuando estaba en una tasca bastante concurrida normalmente, no se escuchaba ningún sonido, a excepción del producido por un chorro de agua que caía sin que nadie se preocupara por cerrar el grifo y la música de los sesenta que sonaba insistentemente el el sistema de audio del local.

Levanté la mirada en busca del cantinero, estaba al fondo de la barra y sus ojos se perdían viendo hacia la entrada del local, observé a los lados, y los hombres sentados a mi alrededor, quienes hacía algunos segundos tomaban y hablaban escandalosamente miraban en la misma dirección. Sus ojos estaban fijos en un punto al cual seguían con la mirada y algunos tenían la boca abierta. Algo de miedo empezó a hacerse lugar en mi cabeza e instintivamente miré a todo mi rededor. En todas las mesas del local, las miradas tanto de hombres como de mujeres se dirigían al mismo punto en que apuntaban las miradas de quienes viera antes.

Miré hacia el lugar que todos observaban pero algunos cuerpos tapaban mi visión. Me paré de la silla donde me hallaba sentado y me moví hacia un lado, ladeando la cabeza para mirar por sobre la espalda del que se hallaba frente a mi. El tipo murmuraba algo, me acerqué a él y pude escuchar esto: - Que hembra, ¿no es acaso un monumento?

No le miento, así ocurrió todo. ¿No me está diciendo que le diga que pasó? Bueno, eso hago. Déjeme continuar, pero por favor deme un vaso con agua, tengo la boca seca.

Gracias, ya puedo continuar... Luego de que la vi, todo cambió, impelido por algo que era más fuerte que yo, empecé a acercarme a ella. El hombre que estaba a mi lado, si, el que dijo eso de la hembra también se levantó. Ahora que lo recuerdo, todos los que estábamos en la barra nos levantamos y empezamos a caminar hacia ella. Hasta cantinero, salió por la portezuela al final de la barra y empezó a caminar en dirección a aquella mujer. A mis lados, a mis espaldas, frente a mi, todos los que estábamos en aquel sitio estábamos como hipnotizados y caminábamos hacia aquella mujer.

Ella miraba en todas direcciones pero no se veía temerosa, es más, su rostro era divertido, aquellos labios carnosos y rojísimos sonreían mostrando unos dientes que iluminaban todo el sitio. Sentí una mano tocando mi muslo y vi a un hombre como de mi edad, mientras caminaba se masturbaba y agarraba mi pierna como sosteniéndose. No lo se.

No me diga que no llore, no soy maricón, no se que ocurrió, pero era así. Deme más agua, por favor. Ahora sigo, ya va, necesito calmarme...

Bueno, como le decía, aquel hombre se masturbaba mientras caminábamos. En ese momento noté que yo tenía una gran erección, pero no pensé en nada, frente a mi, a un metro o poco más, una mujer se desnudaba completamente y era rodeada de inmediato por dos hombre y otra mujer que estaban a su alrededor. A mi lado, otra mujer se agarraba los pechos desnudos y gemía como loca, parecía estar teniendo un orgasmo, pero nadie la tocaba o le hacía algo.

Dejé de mirarla, yo sólo deseaba llegar donde estaba la mujer. Sus cabellos negros, largos y lisos le llegaban a la mitad de la espalda. Sus pechos eran impresionantes. ¡No, no eran gigantes! Eran perfectos y la blusa que llevaba puesta hacía que destacaran unos pezones duros que atraían mi cuerpo como el cebo a un pez.

Lo que ocurría a mi alrededor no puedo describirlo bien. ¡Hey! tranquilo, no es que no quiera decir que ocurrió, es que todo es muy confuso en mi cabeza. Tenga paciencia, ¿me regala un cigarrillo? Gracias. Continúo.

Había hombres y mujeres fornicando en todas partes, había de todo, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres y mujeres, era un todos con todos. Los gemidos, suspiros, gritos, palabrotas y ese sonido, ese sonido que no podré sacarme nunca de la cabeza. El sonido de decenas de cuerpos entrando los unos en los otros. No se como narrarlo, tendría que haber estado ahí para que pudiera entender lo que le digo.

Ya estaba a menos de un metro de aquella mujer, podía ver sus piernas, morenas, largas, hermosas. Eran dos columnas que servían de marco a ese trozo de ella que carcomía mi cuerpo por el deseo. Ella me miraba fijamente, sonreía y se contoneaba. Sus ojos estaban fijos en los míos. Yo sentía que mi cuerpo iba a estallar de placer. Sólo saber que poseería a aquella mujer me estaba llevando al paroxismo.

Tropecé con un cuerpo, un hombre se estaba comiendo, si, comiendo literalmente la entrepierna de una mujer, ella sólo daba algunos grititos, cortos y se contraía en espasmos de placer. Detrás del hombre, otro sujeto le penetraba y al primero no parecía importarle lo más mínimo. Dos mujeres completaban ese grupo que mientras se besaban devorándose la una a la otra, usaban sus manos para acariciar y toquetear a los tres restantes.

¡No, no se si eran homosexuales!, y no creo que eso sea importante. ¿Es que no me he explicado bien? Todos estaban fornicando los unos con los otros, a nadie parecía importarle nada. Todo se concentraba en una gigantesca orgía, un monstruoso encuentro de sexo, de carne, de cuerpos sudados.

¡No miento! ¡No me diga que estoy loco! ¡No estoy inventando nada! Así fue como ocurrió todo. Déjeme continuar, de lo contrario, quiero que me liberen. Bueno, bueno, no volveré a gritar, pero guarde ese garrote. No tiene que usar la violencia.

¿Dónde iba?, ajá, bueno. Aquellos cinco estaban cerrando mi camino a la mujer. Pasé como pude por encima de ellos y pude sentir las manos de las dos mujeres tocando mi entrepierna y mi cintura. Al pasar por encima de ellos, quedé frente a la mujer. Sin siquiera decir nada, la tomé por la cintura y empecé a besarla, empecé a morder sus labios, cada vez más fuerte, ella sólo gemía y con sus manos recorría mi pecho, mi rostro, mi espalda. Podía sentir como me rasguñaba, pero no podía ni quería detenerme. Ella, a su vez empezó a morderme, fíjese como está mi boca, me la rompió a mordiscos.

Le arranqué la ropa y empecé a besar sus pechos, los lamía como un niño, los apretaba con fuerza, ella, a su vez me tomaba por el cabello y halaba muy fuerte, podía escuchar como gritaba de placer. En ese momento ya no había vuelta atrás. Entre los sonidos a mi alrededor, el olor a sexo que impregnaba todo y el cuerpo de aquella mujer me sacaban de mis cabales. La tumbé al suelo y así, sin más la penetré. Luego de eso no recuerdo nada más. Cuando miré a mi rededor, estaba tendido en el suelo, ya no estaba en la tasca, estaba aquí donde ustedes me interrogan. Deme otro cigarrillo por favor. ¿Para donde va?, deme el cigarrillo antes de salir. ¡Mierda!



—¿Qué hacemos? Es evidente que el tipo este estuvo en la tasca, todo lo que dice coincide con lo que los demás testigos han dicho. Sólo que éste es el único que estuvo con la mujer que todos mencionan.
—¿Qué carajos vamos a hacer? Suéltalo, suéltalos a todos. Hasta donde sé no es delito lo que han hecho ese montón de degenerados.
—¡Una orgía en un lugar público! ¿Esas no son faltas a la moral?
—No cuando nadie ha sido obligado a nada, además no había menores de edad y no estaban en la calle. Suéltalos, me quiero ir a casa.

Sólo 12 hablaron pajita

G-russo | 17 septiembre, 2007 19:27

Tienes razon... el delito al placer no esta plasmado en ninguna constitucion, todos somos libres de ejercerlo, ademas el placer libera al alma de este mundo frivolo, es el unico momento perfecto,,, fijate que suele no tolerar mucho a los homosexuales, pero dentro de mi hay algo que me dice que ellos tambien tienen derecho a tener el mundo que a ellos les parezca mejor

Metatextos Robot 2.0 | 18 septiembre, 2007 23:10

Me quedé esperando tu texto de esta semana papá.vz

3rn3st0 | 18 septiembre, 2007 23:50

G-Russo: Más allá del concepto de delito, de falta legal, está el hecho de que los adultos deciden cuales son sus preferencias y eso debe ser respetado.

Por cierto, no hablo de homosexuales en el texto, sólo de una gran orgía.

Robot: Caballero, no tengo excusas, postpuse la cuestión varias veces hasta que ya fue muy tarde, de verdad lo lamento.

Ricky del Norte | 19 septiembre, 2007 15:49

Amigo Ernesto, muy profunda tu historia, lamentablemente aquí donde vivo no estan permitidas las orgías publicas, y aquí si hay carcel por eso!!!
Saludos.

Evan | 19 septiembre, 2007 23:37

Los adultos son dueños de sus actos y como vos decís, a sus preferecias no se las debe objetar.

...seguimos con la confesión de los pecados capitales.

Un beso 3rn3s

3rn3st0 | 20 septiembre, 2007 09:11

Ricky: Pues se lo pierden Ricky, recuerda en todo caso, que estoy narrando una historia, no se de nadie que hayan arrestado por fornicar públicamente pero hasta donde se, está prohibido.

Evan: Seguimos con la confesión. Pronto, más rápido de lo esperado, la tercera entrega :-)

Evan | 20 septiembre, 2007 11:36

Ahh sí?? Con que esas teníamos, ehhhhhh??

Justo te vi de perfil cuando ibas saliendo del blog, saliste medio agagchadito como para que te vea... jaajaja

Tu tío no estaba tan errado... a palabras dulces, a veces es imposible resistirseles.

Un beso de esta damisela

metalgirl | 21 septiembre, 2007 23:53

excelente relato, me cautivo, regresando la visista, muy interesante tu blog, andare por aqui seguido, un saludo

3rn3st0 | 22 septiembre, 2007 01:55

Evan: Me pillaste, ¿eh? Bueno, es que el diablo sabe más por viejo que por diablo ;-)

Metalgirl: Bienvenida, cuando lo desees esta es tu casa. Y gracias por la visita :-)

Eugenia | 30 septiembre, 2007 19:51

Es la primera vez que paso y me sorprendio. Felicitaciones

3rn3st0 | 02 octubre, 2007 14:22

Eugenia: Bueno, espero que la sorpresa por lo menos no haya sido desagradable. Espero verte cuando a bien gustes visitarme :-)

marianne | 12 noviembre, 2007 14:00

Tu narración es estupenda y muy sensual, me encantó... vendré por más ;-), un beso para tí!

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