Una conversación entre mujeres

Luego de la descarga de mi último post, vuelvo a lo mío, a lo que me gusta. Le dejo aquí una nueva historia, espero que la disfruten.

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– Él siempre está hablando, habla muchísimo. Habla sobre sus cosas, sobre lo que siente, sobre lo que le ha ocurrido, sobre sus aventuras, como le gusta decir al referirse a sus vivencias. Habla sobre sus hijos, sobre sus anhelos, sus sueños, sus amores pasados –. La joven mujer hizo una pausa para tomar un trago del café que humeante reposaba frente a ella en una taza tan caliente como la infusión que contenía. Luego, mirando a su amiga directo a los ojos continuó:

– De verdad habla mucho. Debo decirte en su favor, eso sí, que no es tedioso, al contrario, resulta divertido –. Mientras hablaba gesticulaba, su rostro mostraba muchas expresiones, sus manos no dejaban de moverse. – Por otra parte, siempre está diciéndome que me ama, eso me turba. Admito que me hace sentir bien, ¿a qué mujer no le gusta que le digan que la aman? – La amiga sonrió por toda respuesta.

La que hablaba prosiguió: – Me halaga, pero me desconcierta. Constantemente me expresa sus sentimientos y las cosas que provoco en él. Lo único que me sale de dentro es sonreírle. Según él, sólo eso gesto le hace feliz –. Calló y tomó otro sorbo de café. Un corto silencio pareció detener el tiempo por un instante.

– Sabes que no soy complicada, que no me dejo enrollar por tonterías. Pero no se que hacer –. Dijo la mujer rompiendo el silencio. Su amiga la interrumpió un momento: – ¡Hay amiga! Estas más enredada que quien sabe que cosa. Además tú eres casada, recuerda eso.

La otra pareció no prestar mayor atención al comentario de su amiga. Simplemente se limitó a seguir con su descarga: – No se si será un conformista, no lo creo, pero es que cualquier tontería que hago le llena de una alegría tal que parece falsa –. Luego aclaró: – Ya sabes que siempre me dejo llevar por mi desconfianza, – hizo un gesto de duda – sin embargo creo, que son tantas esas expresiones, que no pueden ser simuladas –. Bebió otro sorbo de café, lo dejó un momento en su boca, lo saboreó disfrutando el sabor. Luego prosiguió:

– Yo le quiero ¿sabes?, es un amigo, un compañero, un amante, un gran cariño… –. La otra abrió los ojos llevándose las manos al rostro. Con un gesto detuvo a la que hablaba. Movió la cabeza hacia un lado y otro negándose a si misma lo que acababa de escuchar.

– ¿Acabo de escuchar bien? – Preguntó, y sin dejar que la otra respondiera exclamó: – ¡Amante!, acabas de decirme que es tu amante. O sea que te has acostado con él. ¿Te volviste loca? Puedes destruir tu matrimonio, y las consecuencias, lo que dirá la gente. Si, debes haberte vuelto loca –. Hubiera continuado disparando frases a diestra y siniestra, pero la que hablaba primero la atajó.

– Eso puedo aclararlo luego, para mi no es relevante –. El rostro de la primera parecía de enojo.
– Lo siento Natalia, tienes razón. Ya veo porque me decías que era urgente que conversáramos. Sigue por favor –. Dijo la amiga apenada.

Natalia prosiguió un tanto alterada: – Bueno, como decía, él apareció de la nada y se ha convertido en un rayito de luz en mi vida. Es capaz de hacerme sentir muchas cosas. ¿Te imaginas?, yo que me considero una mujer dura, que soy capaz de enfrentar muchas cosas, me siento ante él completamente desnuda, no se como lo hace, pero siempre logra saber lo que pienso o siento y si no atina completamente se acerca mucho a la verdad –. Sus manos cogieron la cartera que colgaba en el respaldar de la silla. Buscó dentro y sacó un yesquero y una caja de cigarrillos. Encendió uno y aspiró profundamente. Luego reanudó su palabrerío:

– A veces, de repente, calla. Me mira directamente a los ojos y me pregunta: ¿qué te ocurre?, otras veces sólo me queda viendo, siempre directo a los ojos para luego decirme: háblame, soy yo quien siempre está diciendo cosas y me gusta escucharte –. Se detuvo un momento, volvió a aspirar su cigarrillo, exhaló el humo y siguió: – Cuando eso ocurre, entonces me libero, puedo hablar con él por mucho tiempo y siempre escucha atento, realmente debo interesarle a éste hombre. Puedo contarle mis cosas, hablarle de mi trabajo, de mi hogar, de mis problemas. ¡Hasta de mi matrimonio! Él oye todo sin decir palabra, escucha interesadamente hasta que hago alguna pausa para darle cabida. Allí empieza entonces a darme palabras de aliento si el decaimiento me abate, palabras de valor cuando no me siento capaz de enfrentar algo, palabras de cariño cuando me siento triste, palabras de amor cuando las necesito, me orienta cuando pierdo el rumbo... Me presta tanta atención que puedo hablarle de cosas de mujeres sin sentir que hablo con alguien que no entiende.

– ¡Natalia, hay chica! Ese hombre te tiene completamente ida –. Interrumpió nuevamente la amiga. Su rostro era de preocupación pero sus ojos tenían una chispa de complicidad y picardía que hacían que Natalia se sintiera tranquila. Por algo eran las mejores amigas.

– ¿Y tu crees que no lo se Daniela? Estoy bien consciente de eso. Y no pienses que no he pensado en las consecuencias. Ya hasta temo dormir, no vaya a ser que hable dormida y mi esposo se entere de todo –. El rostro de Natalia se tornó triste. Se notaba que la preocupación no la dejaba en paz.

Daniela tomó la mano de su amiga dándole seguridad y consuelo. Luego le dijo: – ¿Y porqué mejor no terminas todo? Eso de tener un amante es demasiado arriesgado.

– He querido hacerlo Dani, he querido hacerlo una y mil veces, pero no puedo vale. Él es tan especial, me siento tan bien en su compañía. Además, es un amante tan tierno, tan pródigo, tan imaginativo –. Aspiró otra bocanada de su cigarrillo y se quedó mirando la columna de humo. Un tierno gesto de satisfacción se dibujó en su rostro. Daniela supo entonces que su amiga estaba metida en un tremendo paquete.

– Ah no Natalia, tienes que contarme. Me estas dibujando a alguien maravilloso. ¿Cómo es el sexo entre ustedes?, no me dejes con la duda.

Natalia sintió que sus mejillas se ruborizaban. Bajó la mirada mostrando una sonrisa cómplice a su confidente para responderle seguidamente: – En la intimidad lo beso, él tiembla, tiembla como una hoja seca, tanto así me desea. Es capaz de decirme que me ama hasta mil veces por minuto, yo le correspondo con una sonrisa y él me devuelve el gesto con ojos de enamorado. Él me recorre con sus manos, me besa desde los pies hasta la punta del último cabello. Me explora, me busca en cada rincón de mi misma. Es delicado, paciente. Es, es hasta divertido, porque hasta haciendo el amor me hace reír. Siempre se burla de si mismo, payasea. Yo sólo me dejo llevar.

– ¿Y tu esposo Natalia, qué sucede con él?

La pregunta tornó el rostro de Natalia en un cuadro de zozobra y desazón. Daniela había tocado un punto delicado. La cara de su amiga así lo decía. Como tratando de disculparse dijo: – Disculpa manita, si no quieres no me respondas. Se que debe ser bien difícil…

– No te preocupes –. La interrumpió Natalia. Suspiró hondo, apagó lo que restaba del cigarrillo en la taza del café ya vacía y prosiguió: – Sabes que mi relación con Omar es buena. Económicamente estamos bien, estamos por comprar una casa estamos haciendo la diligencia para tener un bebé este año. Sabes además que me quiere muchísimo y que con él no me faltará nada.

Daniela miró fijamente a su amiga. Ésta bajó nuevamente el rostro. Daniela se sintió triste por su amiga. No sabía que decir, que aconsejarle. Se sintió inútil. Abrió la boca para decir algo, pero Natalia empezó a hablar nuevamente. Esta vez, sin embargo, no miró a su amiga.

– Él me llama varias veces al día, en ocasiones lo hace más de seis veces. Conversamos de todo lo que se nos ocurre. De lo que nos ha sucedido en nuestros trabajos, de lo que sentimos, de lo que deseamos, nos contamos chistes y nos burlamos el uno del otro –. Mientras hablaba, las facciones de Natalia volvieron a cambiar. Daniela así lo notó. Su había continuaba hablando: – A veces cuando hay oportunidad podemos conversar hasta que nuestros móviles quedan descargados. Cuando las circunstancias no nos lo permiten, entonces nos enviamos mensajes de texto.

– ¿Lo amas? – Preguntó de sopetón Daniela.
Natalia tardó unos segundo en responder, muy seria dijo: – ¿Amarle?, una vez se lo dije, estaba ebria. Luego nunca más lo he hecho, no creo que vuelva a hacerlo, por lo menos no en mucho tiempo. No deseo lastimarle, pero así son las cosas. No es que no le quiera, pero amarle va más allá de lo que yo misma puedo permitirme –. Hizo una pausa, miró muy seria a Daniela y agregó: – Mis razones las guardo sólo para mí, no me preguntes más al respecto. Punto.

Al terminar de responder levantó la mano e hizo una seña al mesonero. Éste se acercó, tomó la taza y el cenicero. Luego preguntó si deseaban algo más. Natalia pidió otro café. Daniela imitó a su amiga. El mesonero se alejó de la mesa dejándolas otra vez a solas.

– ¿Y él no te dice nada? ¿Se conforma así nada más? Eso me intriga –. Preguntó Daniela, luego agregó: – Es raro, es como si no le importara nada.

– Él no me presiona, no me empuja, pero se que está tratando de llevarme por un camino del que no se si quiero salir. ¿Qué podrá ocurrir en un futuro entre nosotros? No lo se, pero ambos estamos de acuerdo en que mientras esto dure será maravilloso para los dos y siempre lo disfrutamos al máximo –. Respondió Natalia, luego agregó: – Él se ha venido metiendo poco a poco en mis cosas, y no puedo, o no quiero, evitarlo, no lo se. Aquí es cuando mi feminidad me traiciona, empiezo con todo ese enredo, esa indecisión, ese tira y encoge. ¿Le afectarán esas cosas a él? No lo se, pero si es así, no me lo demuestra –. Los ojos de Natalia mostraban el desasosiego que la embargaba.

– No se que decirte amiga –. Daniela seguía sin poder dar una palabra de ayuda a su amiga. Su cabeza era un hervidero de pensamientos y sensaciones.

Natalia cogió otro cigarrillo y lo encendió. Luego prosiguió donde había quedado como si Daniela no estuviera ahí:
– Hace unos días conversábamos y le dije del viaje que voy a hacer junto a Omar en unas semanas, el que te mencioné el otro día, ¿recuerdas? – Daniela asintió mientras su amiga continuaba. – Después de que se lo dije se quedó callado unos momentos, luego sólo me dijo de lo más alegre que le encantaba la idea de que me fuera de viaje con mi esposo. Que el viaje nos haría mucho bien –. Aspiró profundamente el cigarrillo y prosiguió: – ¡Está loco!, y lo peor es que me está volviendo loca a mí. ¿Tú sabes lo que es esa vaina chica? Decirme que se siente feliz porque me voy de viaje con mi esposo.

– ¡Tranquila Natalia, amiga! Estas subiendo la voz –. Dijo Daniela tomando de las manos a su amiga. Iba a continuar hablando, pero en ese momento llegó el mesonero con el café que habían pedido. Natalia hizo un gesto asintiendo, estaba apenada.

Ambas guardaron silencio mientras el hombre ponía el par de tazas de humeante café frente a cada una. Colocó un cenicero limpio en la mesa. Sonrió amablemente y se retiró de nuevo.

Las dos mujeres echaron azúcar a sus respectivos cafés. Natalia dos cucharadas y Daniela un poco más de dos. Mientras revolvía la azúcar Daniela rompió el silencio preguntando: – ¿Y luego, luego que ocurrió?

Natalia suspiró antes de responder: – Eso es lo peor amiga. Porque después de esa reacción me miró con unos ojos que no he podido borrar de mi cabeza. Aunque su cara me mostraba una gran sonrisa y sus palabras me animaban, su mirada era de soledad, de tristeza. Estuvo así un rato hasta que no se aguantó, o por lo menos eso creo.

– ¿No se aguantó qué cosa? – Preguntó Daniela ansiosa.

– Bueno, después de un rato de estarme diciendo lo bien que me haría el viaje y de lo feliz que sentía me preguntó que cuánto tiempo estaría por fuera –. Respondió Natalia a la pregunta de su amiga. Sin embargo, Daniela siguió inquiriendo:
– ¿Y tu qué le respondiste?

Luego de tragar el sorbo de café que acababa de tomar Natalia respondió: – Bueno, sus ojos me dijeron mucho, sólo le dije la verdad, que el viaje duraría algo más de un mes. Cónchale amiga, lo que si no pude hacer fue verle a la cara. Si lo hacía de seguro suspendería mi viaje.

Esta vez fue Daniela quien suspiró. Miró a su amiga con gran ternura y dijo: – Te entiendo, te entiendo mucho más de lo que imaginas –. Luego agregó: – ¿Y luego de eso que ha ocurrido?

– Después de esa conversación hemos coincido unas pocas veces, siento que está algo frío, éste viaje se ha convertido en una especie de encrucijada. Nuestra relación seguramente cambiará en un antes y después de mi viaje. No se que hacer, el viaje es impostergable y aún cuando el pueda sentirlo, no puedo ni quiero evitar mi partida. Muchas cosas debo pensar, aclarar dudas, ordenar mis ideas –. Natalia dijo esas últimas palabras salieron cargadas de sentimiento. Luego concluyó:

– Quererle es difícil, dejar de quererle también. ¿Qué hago? Esa pregunta llega a mi cabeza una y otra vez.

En ese momento sonó un teléfono. Rápidamente Natalia abrió su cartera, sacó el móvil, miró la pequeña pantalla de cristal líquido y mirando con ojos de felicidad a su amiga dijo: – Terminamos la conversación más tarde o en otra ocasión –. Luego agregó con una sonrisa pícara: – Me está llamando, debo contestar...

Sólo 6 hablaron pajita

Anónimo Responder | 18 junio, 2007 17:53

es q tenia q ser la 1ra. en leer sto! QTPD????.... tengo mucha impresión sobre la realidad del asunto, con respecto a la conversación de 2 amigas, pues en el plano real así conversamos, independientemente del tema, no se ni q opinar solo q sepas q stuve x aqui y lo lei

Evan | 18 junio, 2007 22:48

No sé por qué no acepta que está enamorada de él, no se lo dice porque no quiere aceptarlo...

Y sí, las mujeres nos contamos todo!

Saludos Ernesto, que tengas una buena semana!

Eduardo | 23 junio, 2007 16:25

Que enrolladas son las mujeres debo decirte.

Creo que no le ve el lado bueno, a nada. ¡A NADA!...

Tal vez el viaje sea lo mejor. Despeja la mente. Y puede ver el antes y después.

Que enredo.

P.D. Sí! Estoy muy perdido de todo esto. Pero pronto retomo mi rutina ¡Jajaja!

3rn3st0 | 25 junio, 2007 13:14

Anónima: Cosas que ocurren. Casualidades que se suceden. Me alegra que hayas pasado por acá.

Evan: Si, es que eso forma parte de la manera en que ustedes las mujeres enfocan las cosas. Pero en fin, es sólo una historia :-)

Eduardo: Mi estimado, me alegra recibir siempre sus visitas.

Naky Soto | 26 junio, 2007 18:15

Mi estimado:

Yo disfruto mucho tus exploraciones porque no eres lineal, vas probando técnicas diferentes y en este caso me recordaste en demasía mi lectura adolescente de "Lo que el viento se llevó", pues nunca logré sacarme de encima la sensación de lo mucho que demoraba en la sola descripción del vestido que portaba Scarlet O'Hara. Esa rama de las expresiones y la toma del café y el cigarrillo... bien podrían ser una forzada discontinuidad al foco que supone la propia declaración de la amante. Tú me dirás luego.

Creo que mezclaste las expresiones y aproximaciones de varias generaciones en sólo dos mujeres, es decir, allí hay más de una perspectiva que le legan una mayor incongruencia que el propio amor partido entre el esposo y el amante... presumo que se te juntaron todas las mujeres de tu vida y salieron estas dos, está allí, se siente, y no estoy cierta si ayuda a establecer las propias debilidades del personaje central.

Tengo otras cosas más encima, te las envío al email.

Un abrazo grandote,

3rn3st0 | 15 julio, 2007 15:49

Naky: Mi querida y admirada Naky, siempre es agradable recibir un comentario tuyo, más aún cuando resultan tan divertidos como tus historias y además enriquecedores.

Estas en lo cierto cuando dices que experimento, es que no sólo escribo por placer, lo hago en una búsqueda constante de mejorar, de plasmar situaciones, mostrar personajes y dibujar imágenes a través de las letras. Es no sólo algo que me resulta sumamente entretenido sino también me da la oportunidad de buscar cosas en mi cabeza.

Mencionas a "Lo que el viento se llevó", lamento decir que no he leído la novela y menos aún he visto la película. Sin embargo me atrevería a comprar tu comentario más bien con las larguísimas y detalladas descripciones que hace Gallegos en su Doña Bárbara - sin alusiones personales ;-) -. Ahora bien, y en mi propia defensa, si ese fue el resultado, entonces nada más lejos de mi intención el que haya resultado así. En American Psycho es un fastidio la lectura de las vacuas descripciones que hace el autor sobre los personajes o sus aficiones y actividades, realmente resultan fastidiosas y no es eso lo que deseaba plasmar. :-/

Tu antepenúltimo párrafo resulta casi una exacta descripción de la realidad, pero eso será algo que conversemos en persona :-)

Sigo esperando tus envíos. :-)

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