María Alejandra entró a la oficina a paso rápido, sus largas piernas cubiertas hasta la mitad de sus muslos por una hermosa falda rojo carmesí, eran todo un espectáculo. Delgada, de elegante caminar, alta, con una melena negra que revoloteaba aún cuando no hubiera brisa, una sonrisa perfecta y para rematar unos ojos azules como el mismísimo cielo coronaban a aquella hermosa mujer. Es María Alejandra además, una mujer extremadamente inteligente, que se había convertido en Gerente de nuestro departamento rápidamente. Por supuesto no había hombre dentro o fuera de la oficina que no tuviera gestos amables y palabras de halago hacia ella. Cuando ella entraba a cualquier lugar era centro de atención, sus gestos para con todos, su siempre presente sonrisa, su amabilidad, su… su todo. La odio, si, no puedo ni quiero evitarlo, ¿cómo no hacerlo? Tanta perfección me es repulsiva, tanta sonrisa me asquea, tanta belleza me hace detestarla infinitamente.