Invidia

María Alejandra entró a la oficina a paso rápido, sus largas piernas cubiertas hasta la mitad de sus muslos por una hermosa falda rojo carmesí, eran todo un espectáculo. Delgada, de elegante caminar, alta, con una melena negra que revoloteaba aún cuando no hubiera brisa, una sonrisa perfecta y para rematar unos ojos azules como el mismísimo cielo coronaban a aquella hermosa mujer. Es María Alejandra además, una mujer extremadamente inteligente, que se había convertido en Gerente de nuestro departamento rápidamente. Por supuesto no había hombre dentro o fuera de la oficina que no tuviera gestos amables y palabras de halago hacia ella. Cuando ella entraba a cualquier lugar era centro de atención, sus gestos para con todos, su siempre presente sonrisa, su amabilidad, su… su todo. La odio, si, no puedo ni quiero evitarlo, ¿cómo no hacerlo? Tanta perfección me es repulsiva, tanta sonrisa me asquea, tanta belleza me hace detestarla infinitamente.

Helena observó a Arturo que tomaba café. Dirigió nuevamente la mirada hacia María Alejandra y siguió con sus maquinaciones: Arturo, no es un buen amante, es amable, es atento y simpático pero en definitiva no sabe hacer nada bien en la cama. Debo admitir, eso si, que su dotación lo salva en gran parte. Esa furcia, esa perra cree que se va a quedar con Arturo, pero no. Él, él es mío.



Cuando entré a la oficina sentí como Helena me miraba. No la soporto. ¿Cómo alguien tan bonita tenía que venir a parar justo en mi propio departamento? ¡Dios, la condenada es degeneradamente bella! Lo peor es que no sólo destaca por ser preciosa, la desgraciada, de paso, es una excelente profesional, debo aceptarlo, y además inteligente. Ese cabello, su maldito cabello dorado, encandila de tanto que brilla. No puede ser natural, seguro que no. Debo averiguar quien es su peluquero. Y esos pantalones ajustados, perra. Destacan sus curvas y su perfecta silueta. Esos senos tienen que ser operados, unos senos erguidos y retadores como esos no pueden ser sino de silicona. Los muestra siempre con esas blusitas de grandes escotes. No la soporto, de verdad, ¡no la soporto! Hasta Arturo el de presidencia está siempre detrás de ella. Creo que podría quedarse con mi puesto en cualquier momento, Pero con Arturo jamás. Nunca una idiota me ha robado a un hombre.

Lo peor es que Arturo es medio estúpido, si no fuera por el bulto que se gasta no valdría nada. Igual no puedo darme el lujo de que esa boba platinada se quede con él.



Arturo observaba divertido la escena mientras tales pensamientos cruzaban en las mentes de las más hermosas mujeres que jamás hubieran pasado por la compañía. Los ojos de ambas se cruzaron y sendas sonrisas, más parecidas a muecas de un par de brujas, se dibujaron en sus rostros.

Él, el tonto, el que nunca había logrado nada importante, se había acostado con ambas, las fotos en su teléfono móvil podían demostrarlo. Era así, el ídolo de todos sus compañeros de trabajo y la pieza más apetecida por el resto de las féminas de la oficina. Sólo un súper macho podía estar con las dos hembras más codiciadas y salir airoso. Por supuesto Arturo disfrutaba de todo aquello y lo que para él significaba tener a sus pies a aquellas dos beldades a su entera disposición y haciendo todo lo que pidiera. Arturo sonrió, ufanándose en su triunfo. La vida era bella, si que lo era. Que importaba ahora nada, ellas, se odiaban y él había sabido aprovechar eso. Tal vez nunca sería tan inteligente como ninguna de las dos, pero había podido usar beneficiosamente esa competencia típica que existe entre todas las mujeres. Sabía que no era muy bueno en los escarceos lúbricos, realmente era pésimo, pero cuando cada una se había enterado de que él salía con la otra –la idea más genial que se le había ocurrido jamás–, todo fluyó sólo.



Magali, la chica de la recepción se acercó a Arturo mientras este divertía de lo lindo con lo que estaba viviendo. Casi tímida, casi con vergüenza se paró a su lado y dijo:
–¿Se puede?
–Si, dime Magali, ¿qué puedo hacer por tí?– Respondió Arturo mirándola fijamente a los ojos.

Magali miró a la morena y a la rubia mientras respondía: –¿Qué vas a hacer el viernes en la noche? Tengo una botella de vino chileno y no tengo con quien compartirla. ¿Te animas?

La joven no se acercaba ni de lejos a las dos despampanantes mujeres que eran amantes de Arturo, pero sus dotes no eran nada despreciables.
–Déjame cuadrar unas cosas y te aviso más tarde–. Respondió Arturo con aires de importancia. Y agregó: –Aunque no creo que haya inconvenientes.
–Okay, entonces así quedamos. Chao Arturito–. Remató Magali guiñando el ojo.
–Así quedamos–. Concluyó Arturo.

Sólo 18 hablaron pajita

diminui | 25 octubre, 2007 15:41

voltaire decía que lo bueno -cuando es ajeno- nos provoca siempre envidia...

El loco | 25 octubre, 2007 16:28

jeje...que trío...ah la envidia, es tan cochinamente humana...
Excelente relato...
Saludos amigo

Evan | 25 octubre, 2007 22:54

La envida, es una de las peores miserias... las mujeres somos más envidiosas entre nosotras que los hombres entre sí...

Así que venís a pedir mi mano con vestido de novia todo?? Mirá que te tomo la palabra ehhh jajajajja

Te dejo un beso 3rn3sto, voy preparando mi ramo de novia ;)

More Baker | 25 octubre, 2007 22:56

jajajja, buen regreso Ernesto.
Estas cosas que se ven en las oficinas de cualquier parte del mundo... uno cree que lo que está allá siempre es mejor que lo que está acá.
Saludos, chico!!!
Aprecio tus palabras en mi blog!!

3rn3st0 | 26 octubre, 2007 14:24

Diminui: Voltaire, ilustrista/ilustracionista, magnífico, humano hasta la médula: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que tenga el derecho de decirlo"

Bienvenida, regresa cuando lo desees, apenas tenga oportunidad, pasaré por tu casa :-)

Loco: Si, hasta me da envidia con el desgraciado de Arturo :-)

Evan: Más que envidiosas, es competencia, compiten entre ustedes.

Sobre lo otro, no, yo no voy con vestido de novia, voy vestido de jean y camisa a cuadros ;-)

Por cierto, espérame sentadita.

More Baker: No me agradezcas, More, descubrirte y descubrir tus letras me han hecho mucho bien :-)

Silmariat, "El Antiguo Hechicero" | 28 octubre, 2007 04:34
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Silmariat, "El Antiguo Hechicero" | 28 octubre, 2007 04:36

"Pena por el bien ajeno", qué otra cosa puede ser la envidia.

Muy buen relato, redondito el condenado, y yo con envidia.

Todo lo mejor para Usted.

PS: Y Usted es de los que creen que las mujeres compiten constantemente entre ellas?

Nany | 28 octubre, 2007 10:56

En serio, las mujeres piensan así unas de otras? Yo como que he perdido mi vida entera !
Saludos y muy bueno el cuento, como siempre.

Eduardo | 28 octubre, 2007 18:38

Será que las mujeres son más envidiosas que los hombres? Y por culpa precisamente de los mismos hombres?

Algunos cuentos de camino demuestran en efecto, eso.

¿Por Qué todo tiene que ver con sexo? Jajajajajajaja...

3rn3st0 | 28 octubre, 2007 18:45

Silmariat: Así mismo es, lo creo y me consta. Es evidente, por supuesto que no todas caen dentro de esa "categoría", pero de que compiten, compiten.

Nany: ¿Porqué la has perdido?

Eduardo: No mi estimado Eduardo, no todo tiene que ver con sexo, sólo el 99.999999% de las cosas. Por cierto, soy freudiano ;-)

Manuel Aramis Miranda Perdomo | 28 octubre, 2007 19:28

Saludos Ernesto

Aca visitando a mis amigos.

Con esas mujeres asi, lo mejor es ignorarlas...

¿Porque?

A las mujeres bellas y que se saben serlo, les intriga cuando se les ingnora.

No hay que odiarlas, solo ignorarlas y SERAN NUESTRAS!!

G-russo | 30 octubre, 2007 07:32

tanto tiempo sin leer-te, la envidia nos corroe la vida, en mi punto de vista, ser envidioso es simplemente aceptar que hay alguien mejor que nosotros...

Mallén | 30 octubre, 2007 10:07

Ahhhh.... el vino chileno... Jajaajajajjaajajaj!!!!!!!!!
Se te extrañaba, enhorabuena. Y gran texto, que sucede con mucha mayor frecuencia de la que nos imaginamos todos...
Cariños desde la tierra del vino pecador que mencionas.

3rn3st0 | 30 octubre, 2007 11:29

Manuel: Cavalieri, tenía usted mucho tiempo sin pasarse por estos lares. Bienvenido nuevamente.

G-Russo: Interesante esa visión de las cosas.

Mallén: ¿Pecador... o inhibidor? ;-)

Ricky del Norte | 30 octubre, 2007 17:36

Que envidia tengo de ese tal Arturo, no solo tiene a 2 hembrotas peleandose por el, sino que tambien ahora la recepcionista..., creo que este tipo es mucho mas inteligente de lo que parece!!!.
Saludos.

Mireya | 31 octubre, 2007 09:44

Lo he sentido, algunos días uno desconfía de tanta perfección y se pregunta, que hay detrás? cómo es la cocina? otros , en que me permito brillar y ser impecable , que no son muchos y pienso que habrá alguien cómo vos o como yo los otros días mirándome con desconfianza y con odio preguntándose , que hay detrás? saludos

CHJ | 06 noviembre, 2007 16:04

Así es la vida, ni mejor ni peor...sólo así.

Jeanne | 06 febrero, 2008 08:45

Hola Ernesto,

Acabo de leer tu relato sobre la envidia con su particular y muy bien elegido título (Invidia).

Te felicito por la idea, me parece todo un acierto la colección de relatos dedicada a los 7 pecados capitales...

¿por qué no se me habrá ocurrido a mi?
¿en qué estaba yo pensando para no tener esa idea en mi cabeza en lugar de estar en la tuya?

:-)

Muy bien.

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