Locura Segunda Parte - En libertad nuevamente
He aquí la segunda parte de locura. Lady Elizabeth me hizo llegar esta segunda parte y procedo a publicarla. Como una afirmación quiero recalcar que los relatos NO son míos. Son de mi amiga. Por cierto, aprovecho para saludar nuevamente y disculparme por mi ausencia, pero estuve de viaje unos días.--- o ---
En una de las mesas de un café al aire libre se encontraba una mujer, vestía de negro, tenía una peluca rubia y su semblante era de absoluto bienestar. Era Isabel, de momento cerraba los ojos y dejaba que los rayos del sol se posaran en su rostro, mientras reflexionaba.
Hace ya varios meses que me encuentro en libertad. No se sabe cuan valiosa es la libertad hasta que se pierde, pero ahora estoy aquí, soy nuevamente libre.
Me siento tan feliz que casi había olvidado la razón de mi misión. Emilio, Emilio, Emilio… me costó un poco localizarlo, es decir, al que se hace pasar por él.
El haber llamado a mi madre fue un error, no hacía más que llorar, rogándome que me entregara, me dijo que lo que había hecho era una terrible locura. Ella no entiende que los locos son ellos, que no quieren ayudarme a vengar la muerte de Emilio. Todos dicen que estoy loca, que debo entregarme, que debo internarme en ese hospital, que allí me ayudarán, ¿pero quien se ha detenido a pensar en Emilio? son todos tan egoístas que saben que Emilio murió, que su muerte ha quedado impune y ninguno es capaz de hacer nada al respecto, por el contrario, se hacen los que no saben la verdad y siguen tratando a ese hombre como si nada hubiera pasado.
Ellos eran los que decían ser sus amigos y por los que tantas veces me sentí desplazada, porque Emilio los quería y compartía mucho con ellos. Debería hacerlos pagar a todos, pero no estoy loca, solo destruiré a ese monstruo que se apoderó del cuerpo de mi amado Emilio.
Por fin he dado con él. Supe que ha estado viajando por varias ciudades haciendo trabajos de programación de sistemas. Es que mi Emilio era experto en eso, supongo que el impostor es igual de bueno, de no ser así, no tendría ofertas de trabajo.
Lo llamé por teléfono, al parecer no se ha enterado de lo que me ha sucedido, entonces logré cuadrar una cita con él. Hablamos durante mucho rato, me dijo que me había amado muchísimo pero que reconocía que nunca me dio el espacio para amarme completamente, que no había sido lo suficientemente valiente para devolverme en mayor cuantía el amor que yo le brindé.
Escuchando sus palabras llegué a dudar, sentí que era el verdadero Emilio el que me hablaba.
Lo amé tanto, de una forma tan entera e incondicional, nunca amé a nadie como a él. Aún recuerdo su aroma, a Emilio le parecía gracioso, que aunque estuviera muy sudado y oliendo desagradable, según él, a mi me seguía pareciendo una delicia su aroma, se moría de las risas cuando lo olía por el cuello con un suspiro tan profundo, como si pudiera apoderarme de su olor y dejarlo atrapado dentro de mi, me decía entre carcajadas que parecía una adicta y que él era la droga.
Sí, él era como una droga que me mantenía dopada y cuando se alejó de mí, creí morir, no soportaba saberlo cerca de otras personas y lejos de mí. Imaginaba que otras mujeres podrían abordarlo y al sentirse solo sucumbiría ante alguna de ellas.
Los celos comenzaron a amargar lo que una vez fue tan dulce, empecé a imaginar cosas que no tenían fundamento. No puedo decir que Emilio me dio motivo alguno para sentir celos, pero debido a su ausencia comencé a celarlo hasta del aíre que respiraba, de las personas con las que se relacionaba, de la familia, de todo. Sin darme cuenta me estaba sumergiendo en una obsesión y terminaba por enloquecer a Emilio y hacerle perder la paciencia. Al final terminaba abrazándome fuerte, y con sus manos en mi rostro me decía que terminará de entenderlo, que solo me amaba a mí y no sentía la necesidad de estar con nadie más. Yo terminaba entendiéndolo y creyéndole, pero en cuanto partía comenzaba a enloquecer nuevamente.
Que diferente sería todo y que feliz sería en este momento si el hombre que tengo amarrado y amordazado en aquella construcción abandonada fuera mi verdadero Emilio.







