Cabalgando hacia la nada
El mejor afrodisíaco para las mujeres son las palabras. El punto G se encuentra en las orejas. Quien lo busca debajo está perdiendo el tiempo.
Sentada en el borde de uno de los costados de la cama, Gisela le miraba entre temerosa y excitada. Muchas cosas habían ocurrido para llegar a ese momento. Un instante que ambos habían anhelado desde hacía mucho. Tranquilo y con una gran sonrisa David se acercó y posando sus manos sobre las rodillas desnudas se acuclilló frente a ella. Gisela bajó la mirada apenada. David posó su índice bajo la barbilla de ella y delicadamente levantó su rostro quedando ambos mirándose directo a los ojos. Si prisas, pero sin detenerse David acercó su rostro al de ella y con un imperceptible roce, sus labios se tocaron por primera vez. Así quedaron unos momentos, aspirando sus alientos mutuamente y por un instante que se hizo eterno sus ojos quedaron fijos, sus miradas viendo al interior del otro. Finalmente sus labios se unieron y el beso tantas veces imaginado, tantas veces deseado se hizo piel.