No diré
La fantasía del hombre es la mejor arma de la mujer.
Estaba nervioso, lo admito, nervioso y con algo de miedo. Aquella situación era extraña por decir lo menos. ¿Alguna vez se ha encontrado completamente desnuda en medio de una plaza a mitad de una noche lluviosa?, ¿no? Bueno, era eso exactamente lo que me estaba pasando. No recordaba cómo había llegado allí o cómo me habían llevado, de verdad no lo recordaba o no quería recordarlo. Tampoco era que me importara mucho. No diré, eso sí, que aquella extraña situación no me procurara un tanto de placer. Si, lo estaba disfrutando. Estaba atenazado de frío y totalmente empapado, el nerviosismo me hacía temblar y el miedo no me dejaba pensar claramente y aunque parezca una locura, sentía placer en todo aquello. Una cálida sensación de placer recorría mi interior y todo lo que sentía por fuera me era indiferente, sencillamente no me molestaba nada.