| Sólo 2 hablaron pajita

Abrazar a una mujer...

Abrazar a una mujer cuando es tu madre te enseña que no hay nada superior al amor.
Abrazar a una mujer cuando es tu hermana, tu prima, tu tía te enseña que no sólo tu madre te ama sin límites.
Abrazar a una mujer cuando es tu hija te enseña que tu puedes amar igual que ellas.
Abrazar a una mujer cuando es tu abuela te enseña que la ternura no es un oso de felpa.
Abrazar a una mujer cuando es tu amiga te enseña que si puedes amarlas sin desearlas.
Abrazar a una mujer cuando es tu amante te enseña que ellas son el sinónimo idóneo de la palabra perfección.
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Tomando su mano

Quien volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro.

Confucio

El camino era largo, sinuoso, solitario e idéntico. Aunque habían transcurrido las eras, siempre era igual. Tomaba un desvío, se detenía ahí un tiempo, casi siempre breve. Todas las veces se desnudaba de adentro hacia afuera, mostraba lo que había en su interior y luego aquello que le hacía ser quien era físicamente. Esas estadías podían ser deliciosamente apasionadas o pacíficamente satisfactorias pero independientemente de como se desarrollara su estancia en cada una de esas moradas, todas terminaban irremisiblemente con sus pies andando aquel interminable y despoblado trayecto.

| ¡Dale que no viene carro!

Habitaciones vacías

Una persona puede sentirse sola, aún cuando mucha gente la quiera.

Ana Frank

Hubo una época, en un lugar donde el tiempo no existía y los días eran siempre soleados, donde siempre eran lluviosos, donde siempre eran una eterna noche estrellada, donde la primavera, al igual que el invierno eran eternos. Era un lugar fuera de nuestro entendimiento donde todo era como deseara cada persona. En ese extraño mundo había un hombre, un hombre como cualquier otro, un hombre ni muy alto ni muy bajo, para nada gordo pero tampoco flaco. Era un hombre cuya belleza física era de esas que se describen con la frase: —Es que él tiene un corazón hermoso—. Así pues, no era un hombre agraciado, aunque no asustaba, eso no. Era un hombre cuyo cabello era largo por momentos, cuando así lo soñaba y se tornaba en una gran calva al despertar. Era un hombre cuya sonrisa estaba siempre a flor de piel aún cuando en su alma no se dibujaba con frecuencia.
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Eufemismos de amor y carne

Podria simular una pasión que no sintiera, pero no podría simular una que me arrasara como el fuego.

Oscar Wilde

Ven amor, acércate y permite que tu calor me arrope. Déjame sentir tu cuerpo rozando el mío y haz que nuestras respiraciones y alientos se entremezclen en un amasijo de suspiros y gemidos. Siente mis manos que, hambrientas de tu carne, recorren cada rincón, cada pedacito de tu cuerpo y lo muerden con caricias, apretones y pellizcos morbosos. Nota mi virilidad haciéndote un homenaje, irguiéndose para ti, palpitante, pletórica de sangre y semen mientras nos movemos acompasados, restregándonos sudorosos el uno contra la otra.
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Juegos manuales

La filosofía es al mundo real, lo que la masturbación es al sexo.

Karl Marx

Juntos, sentados, uno al lado del otro, conversamos sobre cualquier cosa. Nos sentimos a gusto en nuestra mutua compañía, disfrutamos el momento, el estar juntos nos hace felices y juguetones, la pasamos rico.

Sólo porque te provoca, empiezas a hablarme al oído, no dices nada especial, sólo sigues nuestra conversación pero diciéndome todo al oído. No puedo evitarlo, tampoco quiero evitarlo y termino por excitarme, esa voz tuya profunda y aterciopelada a un tiempo produce un efecto inmediato en mi cuerpo, un efecto que empieza a notarse en mi entrepierna.
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Cabalgando hacia la nada

El mejor afrodisíaco para las mujeres son las palabras. El punto G se encuentra en las orejas. Quien lo busca debajo está perdiendo el tiempo.

Isabel Allende

Sentada en el borde de uno de los costados de la cama, Gisela le miraba entre temerosa y excitada. Muchas cosas habían ocurrido para llegar a ese momento. Un instante que ambos habían anhelado desde hacía mucho. Tranquilo y con una gran sonrisa David se acercó y posando sus manos sobre las rodillas desnudas se acuclilló frente a ella. Gisela bajó la mirada apenada. David posó su índice bajo la barbilla de ella y delicadamente levantó su rostro quedando ambos mirándose directo a los ojos. Si prisas, pero sin detenerse David acercó su rostro al de ella y con un imperceptible roce, sus labios se tocaron por primera vez. Así quedaron unos momentos, aspirando sus alientos mutuamente y por un instante que se hizo eterno sus ojos quedaron fijos, sus miradas viendo al interior del otro. Finalmente sus labios se unieron y el beso tantas veces imaginado, tantas veces deseado se hizo piel.
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El paraíso en su boca

Es curioso que se le denomine sexo oral a la práctica sexual en la que menos se puede hablar.

Woody Allen

Sus grandes ojos me miraron pícaros y me sonrió con esa sonrisa que tanto me gustaba. Sentado en un gran sillón observaba el espectáculo que Verónica me regalaba. Frente a mi bailaba lentamente, sin música. Se movía como una gata, contorneándose y girando, sin ton ni son, sus brazos estaban es todas partes. Sus piernas, se turnaban para enredarse entre ellas o elevarse en el aire. Todo eso ocurría sin que ella dejara de mirarme. Su delgadez me excitaba sobremanera, esos tatuajes...

Era Verónica una flaca de una estatura que estaba fuera de los parámetros criollos. Alta, de larguísimas y hermosas piernas. Piernas hechas para disfrutarlas en toda su magnitud. Piernas capaces de producirme las más gratas sensaciones siempre que las acariciaba, las besaba o, mejor aún, cuando me rodeaban inmisericordes, sometedoras.
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Un genial don nadie

No fracasé, sólo descubrí 999 formas de NO hacer una bombilla.

Thomas A. Edison

Hace algún tiempo vengo padeciendo problemas de incontinencia mental replicada. Por favor no se rían, es algo grave y que me está volviendo loco. Al principio no le presté atención, pero en los últimos tiempos se ha convertido en una maldición. Para que me entiendan, les diré que éste extraño padecimiento psicológico fue diagnosticado por primera vez por un psicólogo suizo (¿Porqué siempre son suizos los psicólogos?) en el año de nuestro señor de un mil y novecientos y catorce. El hombre en cuestión determinó que dicho mal se manifestaba por la generación de ideas completamente innovadoras para el paciente, pero que en realidad ya existían en el mundo real. Dicho de otra manera, el enfermo ideaba cosas, cualesquiera que estas fueran – inventos, textos, obras de arte, diseños, por ejemplo. – asumiéndolos como propios cuando en realidad ya habían sido ideados por otras personas. Lo peor del caso es que los pacientes que sufren éste trastorno mental no aceptan el hecho de que sus ideas “originales” ya han sido creadas por otros antes de ellos.

Lo que les describo antes podría parecerles algo tonto, pero no lo es tanto cuando creemos que hemos imaginado algo que podría salvar al mundo y resulta que ya alguien lo inventó.
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Alas rotas

Love is never lost. If not reciprocated it will flow back and soften and purify the heart.

Washington Irving

Sentada, acurrucada, era un ovillo en el suelo y lloraba, lloraba abrazándose así misma meciéndose hacia delante y hacia atrás. Cortos gemidos salían constantemente de su pecho y espasmos que iban y venían hacían temblar su cuerpo. Frente a ella, sólo podía observarla. No había nada que pudiera hacer. Quería abrazarla pero me atrevía, quería decirle palabras de consuelo, pero el nudo que atenazaba mi garganta me lo impedía, deseaba hacerla feliz, pero ella jamás quiso eso de mi , hubiera querido seguir amándola con todas mis fuerzas como lo hice desde el día que la vi por primera vez, pero era un sentimiento que ella no pudo o no quiso corresponder nunca. Me atreví a posar mi mano sobre sus cabellos, así como se alienta a un niño pequeño. Ella se estremeció y sus llantos se tornaron más dolorosos. Su belleza había desaparecido oculta por el dolor que colmaba su pecho y yo, yo sólo estaba ahí, inútil, sin poder remediar su sufrimiento.
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Despiértame cuando pase el temblor

Lo que una vez disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos.

Hellen Keller

Desperté bruscamente, no sentía mi brazo derecho. Me asusté, no sabía que ocurría. Traté de moverlo y sentí sus dos manos apretando con muchísima fuerza por encima de mi codo. La ausencia de percepción no era más que mi brazo dormido por la falta de circulación. Luego sentí como todo se movía a mi alrededor, la cama temblaba, el agua en el vaso sobre la mesita de noche saltaba haciendo extraños guiños de gotas saltarinas. Traté de soltarme de su agarre, pero ella atenazaba mi brazo con una fuerza que no podía suponer en alguien tan frágil. Ya totalmente despierto pude percibir sus sollozos. Su rostro, enterrado entre mi cuello y la almohada dejaba escapar un llanto temeroso. Como pude me deshice de su agarre y, echándome hacia atrás, me senté. Ella seguía llorando, oí como algo en la cocina se estrellaba contra el suelo haciendo un gran ruido, seguro una olla o algún otro perol. Aquel desagradable sonido me alteró un poco, no lo esperaba. Ella volvió a tomarme del brazo, con más fuerza si es que eso era posible. Con enojo la hice soltarme otra vez.