Yo, Ernesto: enero 2008

jueves 31 de enero de 2008

Esto es por ti Pericles

Los ajusticiamientos en Venezuela y latinoamérica no son algo nuevo, tampoco es algo que nos suene raro, es extraño, pero ya estamos acostumbrados y eso es triste. Hace algunos años, conversaba con un ex agente de la antigüa DIGEPOL ya jubilado quien con sorna se burlaba de los policías detenidos por los ajusticiamientos ejecutados por el llamado Grupo Exterminio aquí en Portuguesa por allá entre los años 1999 y 2005. El caballero en cuestión disfrutaba denigrando de los funcionarios detenidos porque eran tan brutos que no supieron ocultar los asesinatos, algo que en su época no ocurría.

En aquella oportunidad sentí un gran temor por las historias que aquel "honorable" anciano me contaba. Hasta le habían concedido una Orden al Mérito por sus años de servicio intachable y en cumplimiento de su deber.

Me causa, sin embargo, más temor que tal vez algún día mi hijo que sólo tiene diez años tenga una conversación con algunos de los funcionarios del CICPC que vilmente (y espero que no impunemente) asesinaron en días pasados a un venezolano. Le endilgan acusaciones por tráfico y posesión de sustancias ilegales, alegan además que ese terrible criminal se enfrentó a una pobre e inocente comisión de cinco funcionarios. Imagino que Pericles debe haberse movido como algún personaje de Matrix, porque hasta por la espalda le entraron las balas, balas que debían servir para proteger la vida de ciudadanos que como él salen todos los días a la calle a enfrentar la vida con trabajo, esfuerzo y honestidad, pero que terminaron siendo las causantes de una muerte más en manos de quienes deben cuidarnos.

Esta mañana veía la entrevista que en un programa de televisión le hicieran a un comisario del CICPC por las maravillosas actuaciones que el cuerpo tuviera en el caso de los rehenes en Altagracia de Orituco, actuación que aplaudo porque debe dársele el crédito a quien lo ha ganado. Sin embargo, el acucioso periodista ni siquiera rozó el tema de la muerte de un inocente ciudadano en manos del mismo cuerpo de seguridad.

Seguramente mañana muchos medios de oposición harán de esta noticia un circo como ha ocurrido con muchos blogs, usando la muerte de Pericles como una excusa para atacar al gobierno. Por otro lado, seguramente los medios oficialistas (no todos) defenderán a los funcionarios. Eso será tanto más triste como el fallecimiento injustificado de este joven profesional. El murió y eso no podemos cambiarlo, lo que si podemos hacer levantar nuestras voces como infociudadanos reclamando justicia, justicia, ¡JUSTICIA!

Por ti Pericles y por todos aquellos que cayeron antes que tu.




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miércoles 30 de enero de 2008

Cronica de una muerte NO anunciada

No conozco a Afrael, tampoco necesito conocerlo, sólo se que hoy vive una tragedia personal debido a un hecho que parece sacado de una historia surrealista, algo, que sin embargo podría ocurrirle a cualquiera de quienes leen éste blog, ya sea que vivan en Venezuela o que tengan la desgracia de vivir en cualquier nación donde los organismos de seguridad se dedican más a la represión que a la protección del ciudadano y la defensa de las leyes.

Vivo en el estado Portuguesa, lugar donde ocurrieron los hechos. No voy a ponerme a elucubrar sobre lo ocurrido ni a inventar sobre como sucedieron las cosas. Lo cierto es que murió un venezolano, un padre de familia, un esposo, un hijo, un inocente. Pericles murió por un "error", seguramente eso será lo que declaren las autoridades competentes. Preguntó yo, ¿no podría uno de esos funcionarios dispararse una bala en el culo por "error"? Perdonen lo vulgar, pero estoy lleno de rabia, lleno de tristeza, pero sobre todo lleno de un sentimiento de impotencia y de desamparo que no puedo describir.

¿Podremos alguna vez librarnos los ciudadanos del temor que significa salir a la calle y no saber si regresaremos a nuestros hogares?

Por un lado, miles de delincuentes hacen de las suyas sin que ocurra nada, sin que se tomen las medidas para disminuir esa guerra no declarada que peleamos día a día millones de venezolanos. Se que muchos funcionarios policiales hacen todo lo posible por combatir la delincuencia, pero no escribo estas líneas para explicar las miles de aristas que tiene el problema de la inseguridad en Venezuela, escribo para solidarizarme con Afrael, con su familia y con Pericles a quien espero se le haga justicia.



La imagen que adorna el header de éste blog tiene desde hace unos meses un prendedor por el luto que causó la muerte de mi compadre Ramón Higuera en manos de unos malditos en Barinas, seguiré manteniendo ese luto en memoria de alguien a quien no conozco, pero que pudiste haber sido tu, o yo... o cualquiera.

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martes 22 de enero de 2008

La desagradable historia de Amalia Contreras - 2da parte

Un cielo limpio, azul sin nubes y de un sol brillante, así era el día en que Amalia se casó con Antonio. Fue, además el día más feliz de su vida. La decoración de la iglesia y del salón de recepciones fue la envidia de muchas novias durante muchos años. El vestido de novia era toda una obra de arte de la costura. Las mejores telas traídas de Europa y la contratación del modisto más encumbrado de la nación habían logrado hacer de ese vestido todo un icono de lo que debía ser una novia. Lo cierto es que no se escatimaron los gastos, había bebida y comida para todos los gustos y en cantidades que ofenderían a cualquiera que no supiera que todo aquello no era opulencia sino una orgásmica demostración del amor más puro y la pasión mejor guardada… Sin embargo, no daré detalles de la boda porque no son importantes respecto de la historia que les estoy narrando. Voy a encaminarme hacia lo que realmente nos interesa.




Pasadas las tres de la mañana, Amalia y Antonio salieron discretamente de la fiesta matrimonial, dejando a los invitados y a sus respectivas familias sin que nadie se percatara de la escapada que, los ahora esposos, habían hecho.

Antonio estaba eufórico, después de casi un año de noviazgo, al fin podría poseer a aquella mujer cuyo cuerpo lo enajenada del mundo y que le producía aquel intenso amor, un amor que a veces dolía en su pecho de lo grande que era.

El lugar escogido no pudo haber sido más adecuado para lo que Amalia le tenía reservado a Antonio, no sólo su cuerpo y su virginidad le serían dados a ese hombre, sino que el fuego que ardía en ella sería el combustible con el que ella misma poseería a aquel que la enfermaba de amor y lujuria, tanto o más de lo que él se sentía enfermo por ella. Si, definitivamente esa noche sería algo histórico en los anales del sexo entre dos amantes desaforados.

Ninguno de los dos detalló en sitio, baste decir que habían muchos cojines de mullida seda, un aroma a frutas flotaba en el aire y que una suave y tibia luz iluminaba toda la estancia. Los amantes se aferraron el uno al otro, no se besaban, literalmente se estaban comiendo el uno al otro. Cuatro manos subían y bajaban en todas direcciones, tocando, palpando, acariciando, apretando. En pocos minutos Antonio había quedado completamente desnudo, fue ese el único momento en que Amalia frenó su ritmo. Quería ver a su esposo, a su amor, a su amante y admirarlo. Lo detalló de pies a cabeza y un escalofrío recorrió toda su espalda. Antonio era mucho más de lo que ella imaginaba, de todo lo que ella imaginaba.

Antonio la dejaba hacer, su excitación crecía más al saberse deseado por esa mujer que tanto amaba. El, aprovechó la pausa, para admirar a su vez a Amalia. Lo que sus ojos observaban no parecía de este mundo, Amalia era perfecta, aún cubierta por aquellas diminutas prendas de seda y encaje, su cuerpo se mostraba ante él espléndido y lúbrico.

Ambos, de pronto, coincidieron en la mirada y nuevamente, la fogosidad tanto tiempo contenida, les dominó. Sus cuerpos volvieron a unirse en un impetuoso abrazo, sus lenguas volvieron a cruzarse y sus manos retornaron al cuerpo del otro. Ambos se disfrutaban plenamente, estaban excitados y felices, muy felices.

Un ruido sordo, rompió el sonido de los jadeos y las respiraciones se detuvieron por un segundo. Amalia, con sus ojos abiertos como platos miraba horrorizada a su marido. Una corta pausa y nuevamente aquel horrible sonido inundó la habitación, esta vez acompañado de un pestilente olor.

Ninguno de los dos supo que hacer, Antonio trató de no perder el control, pero la fetidez de aquella flatulencia salida de lo más profundo de su amada le impidió contenerse. Sin querer evitarlo, Antonio tapó su boca y su nariz con ambas manos y corrió al baño. Cerró la puerta y pocos segundos después se escuchó como aquel hombre, que segundos antes era un compendio de lujuria dejaba que su estómago se vaciara en el retrete.

Afuera, Amalia se dejó caer sobre sus rodillas quedando hincada como su fuera a rezar. Nuevamente había ocurrido. Las lágrimas corrieron por sus mejillas, incontrolables, los hilos del salado líquido se convirtieron en ríos, a su llanto la acompañaban los sonidos de sus propios sollozos y las arcadas que desde el baño sufría su, hasta ese momento, amado Antonio.

[Continuará...]
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jueves 17 de enero de 2008

La desagradable historia de Amalia Contreras - 1ra parte

Amalia Contreras era una mujer hermosa, una cabellera negra como el azabache adornaba su espalda cayendo como una cascada de aguas negrísimas sobre su espalda. Su rostro parecía porcelana nacarada y sus ojos iluminaban ese marco, los labios carnosos eran un manjar digno de ser catado. Unos senos espléndidos, retaban erguidos y orgullosos sobre su pecho la ley de gravedad. El talle de Amalia era delicado con una cintura de avispa y unas caderas generosas que invitaban a la delectación visual. Era Amalia una hembra con todas las de la ley. Los hombres no podían dejar de voltear cuando ella pasaba. Su caminar de felina le daba el toque mágico que sólo los seres más hermosos poseen.

Ella sabía todo esto y lo aprovechaba a su favor. No había hombre que no cayera bajo sus encantos y ella hacía uso de ese sortilegio personal para obtener lo que deseaba. Ni siquiera tenía que acostarse con ninguno, el sólo placer de tenerla cerca y de mostrarla era más que suficiente para que muchos, muchísimos hombres le concedieran lo que ella pidiera. Joyas, vestidos, zapatos, invitaciones a los mejores sitios, viajes a cualquier parte del mundo, no había nada que Amalia pidiera que no le fuera concedido…

Sin embargo, Amalia sufría, sufría muchísimo. Se hallaba vacía, sus joyas, sus cientos de zapatos, sus vestidos innumerables no la hacían sentir nada, en las noches, sola en su habitación amargas lágrimas bajaban por sus hermosas mejillas cayendo sobre la cama. Amalia se hallaba sola, no había nadie a quien ella dejara entrar en su vida, en su intimidad. No es que no se hubiera enamorado, tampoco se trataba de que los hombres no le hubieran hecho alguna propuesta, ni siquiera se trataba del hecho de estar o no casada o tener o no hijos, eso carecía de importancia frente al problema que carcomía las entrañas de Amalia (literalmente). En sus veintinueve años, sólo tres fueron los afortunados (o desafortunados) mortales que disfrutaron de sus voluptuosas carnes, de su apasionado y codiciado cuerpo.



Después de dos años de noviazgo, con sólo diecisiete años, Amalia decidió entregarle su inocencia a quien fuera su primer amor. Aníbal - que así se llamaba el noviecito -, estaba tan entusiasmado con lo que ocurriría que estuvo toda una semana planificándolo todo, compró flores, ropa nueva, se cortó el pelo y hasta se arregló las uñas en una peluquería. El muchacho, sólo un año mayor que Amalia quería que todo fuera perfecto, no sólo era el deseo de poseer a esa preciosa mujer, sino que un amor loco le tenía las entrañas deshechas de tanto pensar en ella.

El día del encuentro, todo fue a pedir de boca, la invitó a cenar en un pequeño restaurante en las afueras de la ciudad, comieron frugalmente, las miradas de ambos eran de ternura y deseos mezclados. Tomaron una copa de vino y luego partieron.

Aníbal había alquilado una pequeña cabaña no lejos del restaurante. Al llegar, caballerosamente Aníbal le abrió la puerta a su amada y esta se encontró con una escena que jamás podría borrarse de su memoria, una selva de flores de todo tipo y de todos los colores llenaba la habitación, entraron cerrando la puerta tras ellos. Amalia sin pensarlo mucho, loca de amor y de pasión se abalanzó sobre los brazos de su amante, uniendo ambos sus bocas en un profundo beso. Aníbal tembloroso la estrechó contra si mismo y fue en ese momento que dio inicio la tragedia de Amalia.

Una grosera y hedionda flatulencia salió del cuerpo de la hermosa virgen, impregnando el aire con un olor tan fétido que ambos tuvieron que salir de la cabaña tapando con sus manos sus bocas y narices. En su carrera, Amalia no se detuvo hasta que estuvo bien lejos, Aníbal, aún con los efectos de aquel gas, se dio cuenta muy tarde de lo que ocurría.

La buscó durante muchas horas, hasta que no pudo andar más. Preocupado y cansado, Aníbal se metió en el carro y esperó.

Un ruido despertó al muchacho. A su lado, sudada, con algunos arañazos en el rostro, y los ojos rojos e hinchados de tanto llorar estaba Amalia, quien luego de huir sin rumbo, regresó metiéndose por los montes de aquel sitio causándose el daño que afeaba su precioso rostro. Aníbal la abrazó tiernamente. Ella aún sollozaba.

El resto de esa noche, ninguno de los dos dijo nada más. Aníbal no quería que su novia se sintiera peor y ella estaba demasiado avergonzada para decir nada. La dejó en su casa y regresó a la suya. Esa fue la última vez que la vio.



La misma noche de la tragedia de aquella tragedia, luego de bañarse y arreglarse, Amalia usó todo su encanto para convencer a su padre de que en la mañana deberían viajar con la idea de que ella pudiera organizar su partida para el exterior y así dar inicio sus estudios universitarios.



Cinco años después, Amalia regresó a su casa, se había graduado con honores en la universidad y era ahora una joven mujer, hermosa, inteligente y con la ambición de querer tener al mundo a sus pies.

Después de unas pocas semanas de haber regresado a casa, Amalia logró una cita para un empleo en una compañía que asesoraba a instituciones financieras sobre inversiones en las bolsas internacionales. Ese mismo día obtuvo el empleo, su jefe, hombre avezado y con gran experiencia vio en ella no sólo la capacidad para enfrentar los retos que eran inherentes a las labores que desempeñaría sino que sin percatarse había sido hechizado por la belleza de aquella imponente mujer.

La cosas ocurrieron de la manera más natural, algunos meses después, Amalia había hecho valer su profesionalismo en la empresa logrando jugosos contratos que dejaron tambaleando a la competencia y mientras tanto Antonio, su jefe había logrado enamorarla hasta el punto de que ya hablaban de matrimonio.

Todo era perfecto en la relación. Jamás permitieron que sus asuntos personales interfirieran en el trabajo al tiempo que ambos disfrutaban de la compañía del otro cada vez que la oportunidad se los permitía. Sólo había un detalle, luego de casi seis meses de relación, aún no habían tenido intimidad, Amalia la evitaba alegando mil excusas o escudándose con cualquier pretexto. Su último recurso fue confesarse virgen (lo cual era cierto) alegando que no quería tener relaciones hasta tanto no se casaran.

Antonio caballeroso aceptó sus razones y aunque el deseo le comía el alma y el cuerpo y aunque la lujuria le permitía dormir apenas, soportó con estoicismo la prueba que el destino le ponía frente a si. Aquella maravillosa, inteligente y preciosa mujer era ya suya de alma y corazón, sólo su cuerpo esperaba para que él fuera el primero en poseerlo.

Al cumplir siete meses de relación se apareció Antonio en la casa de los padres de Amalia, allí estaban la madre de Amalia, su padre, sus dos hermanos y por supuesto la propia Amalia. Todos sabían lo que ocurriría esa noche, Antonio, el que fuera jefe de Amalia iría esa noche a pedir la mano de la mujer que amaba y quería hacerlo con el formalismo del caso. Todos estaban muy bien vestidos y la mamá de Amalia había dedicado toda la mañana a la preparación de un estofado cuya receta la había aprendido de su abuela, el señor Contreras, había reservado para la ocasión un vino exquisito el cual había encargado el mismo día que se enteró que Antonio iría a pedir la mano de su hija. Por su parte, los hermanos de Amalia, ambos menores que ella, trataban de mantener la seriedad del caso, pero sin dejar de molestar a su hermana haciéndole bromas de todo tipo. Lo cierto es que en la casa de los Contreras se respiraba un aire cargado de alegría y optimismo que convertía el ambiente en algo encantador. Era, hasta ese momento el día más importante en la vida de Amalia.

[Continuará...]

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martes 15 de enero de 2008

Carta para tí - 1

Hacía tiempo que no te escribía. No tenías que recordármelo, lo se porque dejé de escribir por propia decisión. No es que dejara de quererte, en lo absoluto, es que no me provocaba escribir. Igual jamás recibo respuesta. A veces siento que estoy sólo, que esto ocurre en uno sólo de los dos lados de la avenida.

No me juzgues mal, porque en todo caso no estoy haciéndote reproches. Nada más lejos de mis intenciones que venir a estas alturas del partido a recriminar tu distanciamiento, tu lejanía cada vez más palpable, pero me pediste que escribiera y así lo hago, aclarándote además que no te escribo porque me sienta presionado u obligado a hacerlo, lo hago porque lo pides y porque ya veía venir esa necesidad siempre creciente de decirte todo lo que siento, pienso y percibo respecto a nosotros.

Se que tu trabajo te ha quitado tiempo, se que tus responsabilidades y los nuevos proyectos que has emprendido te llevan por nuevos derroteros que no pienso evitarte, es un camino que has decidido andar y no soy quien para pedir que lo deje, además, se que no lo permitirías.

Aquí estoy, como siempre, en espera, ocupando un lugar que por ahora es el que me corresponde, esperando, eso si, mi oportunidad, a veces me siento como un tigre al acecho y eso me hace sonreír. Tú eres mi presa, una presa escurridiza que me deja acercar para luego escapar sin darme siquiera oportunidad de abalanzarme. Es como un juego, un juego que por lo menos a mi me resulta excitante y divertido aunque – debo admitirlo – me parece atemorizante. Si el juego me resulta atemorizante, surgen muchas preguntas: ¿Alguien saldrá lastimado? ¿Alguien terminará triste? ¿Alguno de los dos se cansará? ¿Será éste, un juego eterno o terminará alguna vez?

Por el momento, como dije antes, me divierto, dentro del temor soy feliz, dentro de las dudas la alegría de saberte ahí me llena el corazón de alegría.

Sigamos pues, jugando a este juego de amor y desamor, de pasión y hastío, de recuerdos y desmemoria, de amigos y amantes, de un futuro que puede no serlo.

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lunes 7 de enero de 2008

El hombre buenhogar

En una entrevista concedida en exclusiva para este blog, tuve el placer de entrevistar a la Dra. Yossie Soi Vishi Ta, hembrista acérrima, especialista en relaciones de pareja y teórica - palabra muy en boga últimamente en Venezuela - del comportamiento masculino moderno. Autora de más de veinte libros sobre la sexualidad humana, las relaciones hombre - mujer, hombre - hombre y mujer - mujer. Sus tratados, ensayos y artículos han sido publicados en cientos de revistas y diarios en todo el mundo. Sus obras han sido traducidas incluso al maracucho y el espanglish.

Nos recibió la Dra. Vishi Ta en la terraza de su hermosa casa, sus respuestas siempre fueron claras, convincentes y éste servidor, en lo particular, pudo percibir en ella una aura de superioridad que jamás había apreciado en ser humano alguno. Conversamos alrededor de unos cuarenta y cinco minutos, pero vista mi negativa de seguir haciéndole masaje en los pies mientras hablábamos dio por terminada la entrevista. Los resultados de la misma son lo que leerán a continuación.



Yo, Ernesto: En su último libro, "El hombre Buenhogar", habla usted de las razones por las cuales hoy día las mujeres no pueden compartir su vida con seres inferiores y tarados como los hombres. Hábleme un poco de ese concepto.
Vishi Ta: Muy sencillo mi querido 3rn3st0, se ha demostrado científicamente que los hombres sólo piensan en sexo, que sus únicos intereses reales son el fútbol, el béisbol, las tetas y las nalgas grandes, ¡ah!, y las cervezas. ¿Cómo un ser tan superior como una mujer podría compartir su vida con semejante animalejo?

Yo, Ernesto: Entiendo su punto, pero ¿no es esa una posición que colinda, que se da la mano con el machismo que tanto se critica?
Vishi Ta: En lo absoluto, nosotras somos seres superiores y por ende la concepción de la vida tal y como nosotras la visualizamos es correcta. El machismo es una aberración, no así el hembrismo.

Yo, Ernesto: Pero usted dice que el hombre no es más que un animalejo, ¿eso no es caer en una absurda discriminación contra el género masculino, sólo por esa misma masculinidad?
Vishi Ta: Me vas a disculpar Ernesto, te he visto comentar en Mujeres.net, en Feministas Anónimas y en otros sitios donde se denigra a los hombres.

Yo, Ernesto: Dra. Vishi Ta, creo que está equivocada, en esas páginas se habla y se defienden los derechos de las mujeres, se lucha por conseguir que la mujer no sea sólo un objeto de uso sexual y hogareño. Ofende usted a sus autoras.
Vishi Ta: ¡Por favor! Aquí quien ofende eres tu. Y te agradezco que untes más crema de esa en mi juanete izquierdo, porque los tacones de anoche me dejaron horrible los pies.

Yo, Ernesto: Está bien, pero le agradezco no referirse nuevamente en esos términos contra Elsa ni ninguna otra de mis amigas virtuales. Mejor cambiemos de tema.
Vishi Ta: Si, creo que es lo mejor.

Yo, Ernesto: Volviendo al tema de su último libro, ¿de dónde sacó ese nombre?
Vishi Ta: Bueno, tu sabes que muchas mujeres nos hemos criado leyendo Buenhogar, Vanidades, Hola y todas esas grandiosas publicaciones publicaciones que con sus tests, entrevistas a reinas, princesas y actrices famosas nos cultivan la mente y hacen de nosotras ese género superior del que te hablé antes.

Yo, Ernesto: - Suspirando - Si, se que muchas mujeres se han cultivado de sa manera.
Vishi Ta: Bueno, pues de ahí viene el nombre del libro: "El hombre Buenhogar".

Yo, Ernesto: Ya veo, ahora bien. En el libro usted plantea una serie de características que deben ser propias de un hombre que podría ser un compañero ideal.
Vishi Ta: Así es, si lo deseas podría mencionártelas.

Yo, Ernesto: Nada me gustaría más.
Vishi Ta: Pues el hombre Buenhogar debe poseer las siguiente cualidades: Debe ser buenmozo, alto, tener un pene de proporciones considerables, ser un amante tierno, gentil, fogoso e infatigable. Debe ser fiel y no ser celoso en lo absoluto. Debe además saber lavar los platos, cocinar, planchar, lavar la ropa, hacer los quehaceres de la casa, y cuidar de los niños. Por otra parte debe tener la suficiente gentileza para recordar el aniversario de nuestro primer beso, nuestra primera cita, nuestra primera noche juntos, nuestra primera risa juntos. No puede dejar de recordar mi cumpleaños, el de tu mamá, tu papá, tus tías, tíos, hermanos, hermanas y la abuelita que nunca conoció porque había muerto cuando inició relaciones contigo. Debe ser un piropeador profesional pero sin vulgaridades, siempre y escucha bien esto Ernesto, siempre que pueda deberá regalar diamante o pieles. Por cierto, debe bailar mejor que Fred Astaire y no tomar más que una copa de vino en cada salida que haga junto a su pareja. Por supuesto debe darse cuenta del cambio de pintura de uñas que te hiciste, conocer y hacerse amigo de tu peluquero y no podría dejar de pasar por alto el hecho de que siempre deberá estar pendiente de tus amigas cuando estas se vayan contigo a rumbear sin que por ello te cele.

Más o menos ese es un hombre Buenhogar, faltan muchas otras cualidades, pero mejor dile a tus lectores que compren mi libro para que entiendan mejor el concepto.

Yo, Ernesto: Ahora bien Dra. Vishi Ta, todo eso que me dice me parece algo exagerado, ¿no piensa usted que eso es casi imposible?
Vishi Ta: En lo absoluto, conozco a muchos, muchísimos hombres así.

Yo, Ernesto: ¿Y porqué sigue soltera si ya ese hombre perfecto se presentó ante usted en varias oportunidades?
Vishi Ta: ¡Ay no Ernesto! ¿Y perderme la oportunidad de estar con otros hombres perfectos?

Yo, Ernesto: Ya veo, ya veo. Bueno Dra. Ya debo retirarme, me duelen las manos por el masaje y además sus callosidades me desgarraron las palmas de las manos. Ha sido un placer conversar con usted.
Vishi Ta: ¡Eres un tunante y un grosero! Continúa con lo que haces, ¿cómo es eso de que te vas?

Yo, Ernesto: Lo siento Dra., hasta otra oportunidad.
Vishi Ta: ¡Vete!



Al levantarme, un tipo rubio de casi dos metros de estatura, vestido sólo con un pequeño taparabos me acompañó hasta la puerta. Salí pensativo de aquella casa donde había conocido a un ser de ficción, un ser que si bien no existe en la realidad, parece estar metido en la cabeza de muchas mujeres.

El machismo es retrógado, absurdo e ilógico, el hembrismo es su hermano gemelo.



Dedicado a todas esas mujeres que luchan de corazón y con el cerebro por lograr más y mayores derechos por sus congéneres, dedicado a esas féminas que sin menospreciar al varón comparten una visión de mundo más justa, dedicado a mis amigas, las que conozco en persona y aquellas que virtualmente muestran todos los días lo hermoso e inteligente que es el género femenino. Dedicado, al fin y al cabo, a quienes creen que somos uno sólo porque nos complementamos los unos a las otras y viceversa.

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miércoles 2 de enero de 2008

La felicidad es una decisión

Ernesto hablaba y no parecía el mismo. Sus ojos brillaban y su voz tenía otro tono, el tono de alguien que no sólo sabía lo que estaba diciendo, sino que estaba plenamente convencido de la certeza de sus palabras. Escuché de el este corto monólogo que ahora con su permiso publico en su propia página.



Como te digo amigo, la felicidad es una decisión. En serio. Es como cuando quieres ir de viaje y decides ir a tal o cual ciudad. Es como decidir que carro comprar. Es como cuando eliges la pintura con la cual decorarás tu casa. Eso es la felicidad, una simple decisión, la felicidad no tiene que ver con situaciones, con la suerte ni con nadie que no seas tu mismo. Decidirte a ser feliz es sencillo, sólo hazlo.

¿Que no tienes el carro que deseas? Ahorra, has las diligencias para el crédito, solicita el financiamiento a un banco y cómpralo. Si eso te hace feliz, sólo hazlo. Pero, ¿sabes algo?, si te roban el carro, si lo chocas o si no lo puedes comprar por la razón que sea, ¿es ese motivo suficiente para no ser feliz?

No mi amigo, si piensas de esa manera, estas jodido. No puedes evadir tu propia felicidad y la alegría de vivir sólo por lo material.

¿Tu mujer te dejó por otro? ¡Celébralo, jamás te quiso como merecías! Y hay miles, millones de mujeres que esperan por alguien que quiera compartir con ellas sus vidas.

Como te digo, la felicidad es una decisión y la encontrarás en cada pequeño logro en cada mínimo detalle que te llene de satisfacción. Si esperas ganar la lotería para ser feliz, empieza a jugar lotería, pero podría ocurrir que jamás ganes, entonces, ¿eso no te dejará ser feliz? No digo que seas conformista, no, eso es estúpido y sin sentido. Sólo digo que debes decidirte a ser feliz, a disfrutar de cada día, no por lo que no pudo ser, no por lo que pasó, sino por lo que será, por lo que pasará.

Lo cierto amigo es que yo, en lo personal soy feliz, estoy rodeado de gente que me quiere, amigos que son incondicionales, tengo un buen trabajo, dos hijos maravillosos... Por cierto, tengo tres comidas al día y de paso mi cabeza funciona como un reloj suizo. ¿Qué más puedo pedir? Sabes que lo tuve todo y sabes que antes de tenerlo todo, no tenía nada, así que estoy como al principio... Bueno, como al principio no, porque aprendí que puedo ser feliz así como estoy, de paso, sigo luchando, sigo trabajando y sigo creciendo.

¿Volveré a tener lo que tuve? Pues en eso estoy, pero eso no me quita el sueño ni el apetito. Sólo camino hacia allá, hacia adelante, hacia lo que está esperando por mi. Lo pasado, pasado, lo presente es lo que soy y lo que me rodea y el futuro, pues el futuro aún no ocurre vale, así que tranquilo mi amigo querido. Verás que si te decides, podrás ser feliz.

Por cierto, para todo lo demás, existe una tarjeta de crédito que tampoco tengo.



Luego de eso, Ernesto se levantó de la mesa, tomó el último sorbo de café de su taza, me dio un gran apretón de manos y se fue.



¡Volvió, ella volvió! Me refiero a mi musa, así que prepárense, porque ahora es que voy a estar escribiendo :-)

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