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300

En septiembre del 2006 nació por iniciativa de Bean 9000 un blog llamado Metatextos, se trató de un taller de literatura abierto a quien quisiera participar. La premisa era la de escribir una historia de no más de ciento cincuenta palabras basada en un tema establecido por la administradora del blog. Se hizo un ejercicio basado en ese límite de palabras. Para el segundo ejercicio, la extensión del texto se expandió a doscientas palabras. En el tercer y cuarto ejercicios se decidió definitivamente que la extensión de los textos no podía ser mayor a doscientas cincuenta palabras y así quedó hasta el final.
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17 blogs

Con una mirada que no veía hacia ninguna parte el hombre hablaba con su interlocutor pero más parecía que hablaba consigo mismo:
– Hace días que no escribo nada trascendental, no me hallo, nada me inspira, – decía gesticulando mucho – no se que hacer.
– No se porque tanta alharaca. Tu escribes mejor que ningún blogger que haya conocido – respondió el amigo, para luego agregar: – Actualizas no menos de treinta veces al día y ya casi ni duermes respondiendo a los cientos de comentarios de todos tus lectores en los quince blogs que mantienes…
– Diecisiete blogs mi hermano, son diecisiete blogs – interrumpió el otro.
– Bueno, como sea, tu sabes a lo que me refiero – Terminó tajante el amigo.

El bloguero se acomodó los lentes parsimoniosamente, hurgó en sus bolsillos, sacó un cigarrillo, lo encendió, dio una gran bocanada y exhaló el humo formando una nube gris sobre su cabeza y la de su amigo. Aspiró nuevamente el cigarrillo y continuó con la conversación:
– Justamente ese es el problema, justamente ese es el problema – repitió. El cigarrillo nuevamente se dirigió a su boca, inhaló una nueva fumarada y siguió: – Como sabes tengo un blog de tecnologías inalámbricas, otro sobre gadgets y vainas frikies, tengo uno sobre sexo y pornografía, por cierto uno de los más visitados. Casi se me olvida el que dedico a tecnologías y desarrollo de páginas web interactivas. Además de eso, participo como colaborador en el blog aquel de evaluaciones de acciones y bonos en la bolsa.

Una nueva aspiración al cigarro y luego por pura maña sacó la cajetilla de cigarrillos colocándola sobre la mesa frente a su amigo. De inmediato este cogió un cigarrillo y lo encendió, acompañando al amigo en la ceremonia de envenenamiento más practicada por la humanidad.

– No puedo dejar de mencionar el blog infantil con temas de educación y pedagogía – continuó el bloguero. El blog sobre recetas tradicionales sudamericanas, ese no puede obviarse aunque le tengo medio olvidado, hace ya como treinta horas que no escribo allí.
– No olvides el blog de béisbol, ese me encanta, sobre todo cuando te burlas de los idiotas del equipucho ese – intervino el amigo.
– ¡Claro!, casi lo obvio – respondió el bloguero con una sonrisa de satisfacción, luego siguió: – Uno que me encanta es ese donde escribo haciéndome pasar por mujer, es lo máximo, todo ese montón de mujeres que me escriben pidiendo consejos – dijo esto riendo abiertamente.
– Otro que me gusta mucho es el de historias y cuentos. De pana, escribes muy bien y además logras atrapar con tus letras a quienes te leemos.
– Si, ese es bueno. ¿Sabes cual me encanta escribir?, el de listas, ya sabes, el de cien cosas que las mujeres hacen mal, treinta y cuatro cosas que me encantan de los renaults, sabes a que me refiero.
– Ese es excelente, no se como haces para sacar tantas listas.
– No es difícil, sólo práctica. Uno que no me canso de escribir es el de política, siempre es interesante saber lo que la gente piensa, además, escribir comentarios anónimos contra mis propias opiniones es demasiado bueno, la gente termina discutiendo unos contra otros.

Ambos amigos se miraron y sonrieron asintiendo. Luego el bloguero se levantó mientras decía: – ¿Quieres un café, un refresco, algo?
– No, tranquilo compadre, toma tu lo que quieras. Por cierto un blog con el que no me termino de adaptarme es ese nuevo que tienes.
– ¿Cuál amigo? – preguntó el bloguero.
– Ese vale, ese de temas satánicos y vainas de esas.

Con una sonrisa extraña el bloguero respondió: – Bueno, sabes que esos temas siempre me han fascinado, además, no te imaginas cuantas carajitas he conocido con ese tema. Se visten como vampiras y hacen el amor igual.

– Eso no lo sabía – respondió el amigo mientras exhalaba otra humarada, luego siguió: – Otro que es muy bueno es el de farándula y chismes sobre gente famosa, ¿cómo haces para conseguir la información?
– Tengo mis contactos, además no creas. Yo me dedico a investigar, fíjate que esa página tiene casi treinta mil visitas diarias. De pana la gente es chismosa – volvió a reír el bloguero.

Mientras aún reía, el bloguero se sirvió un vaso con jugo que había sacado de la nevera. Se sentó nuevamente frente a su amigo y siguió: – El de tuning y carros deportivos es muy bueno, sin humildad lo digo.
– Si, ese es bueno, pero me gusta más el de reggae y rasta. Los colores y el diseño de la plantilla son excelentes.
– Tienes razón, pero el máximo blog es el de reflexiones irreflexivas, gozo un mundo con las loqueras que escribo y lo mejor es que la gente me cree un gurú del auto conocimiento y el mejoramiento personal, de verdad es lo máximo.
– ¿Qué te puedo decir? De verdad la gente cree en cualquier pendejada.

Ambos rieron cómplices. Luego el bloguero tomó otro cigarrillo y lo encendió. Su rostro cambió de una expresión alegre a una de preocupación y turbación.

– No se que hacer amigo, – dijo en tono grave – con todo y eso, siento que no estoy dando todo de mi. Hay días que escribo hasta cuarenta posts, respondo hasta doscientos comentarios pero aún así me sigue faltando. Todo esto me está volviendo loco, ¿tu qué crees?

El amigo lo miró con ojos de reproche, se notaba enojo en su rostro.

– ¿Te parece poco? Además vives de eso, conoces chicas, has hecho muchos amigos, económicamente estas bien. Lo último que supe es que estabas en negociaciones con Matt Mullenweg. No se que más quieres.
– Si, el tipo quiere desarrollar junto a mi una plataforma para microblogging más allá de Twitter y esas pasguatadas, quieres que la gente pueda bloguear desde sus teléfonos caseros, con el correo tradicional y hasta por telegrama. Ya le di mis ideas y desarrollé una plataforma completa para eso. Sin embargo, aún se que falta más. – Dijo el bloguero casi llorando.
– ¡Jódete!
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Superbia

El niño - de unos doce o trece años - cerró los ojos, apretándolos con tal fuerza que sintió dolor en las órbitas, sus manos eran dos pimientos rojos agarrotados por la fuerza conque las comprimía la una contra la otra, los dedos entrelazados. Sus dientes empezaron a rechinar y de la comisura de sus labios empezó a correr un delgado hilo de sangre, éste bajaba por su barbilla, goteando sobre su pecho. En un momento determinado, de escuchó un crujido sordo: uno de sus dientes había estallado debido a la presión que hacía mientras cerraba las mandíbulas. Su respiración era rápida, furiosa y gruesos goterones de sudor corrían por sus sienes y frente en tales cantidades que parecía que le hubieran bañado de pies a cabeza. El dolor que sentía en su espalda, en sus costillas y en sus piernas era horrible, pero ni un sonido escapaba de su boca y menos aún, ninguna lágrima era derramada por sus ojos.
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De amor y deseo

¿Cómo no amarte, cómo no dejar que mi corazón se retuerza en delirios por tí? ¿Cómo evitar que mi pulso se altere cuando te acercas, cómo detener todo el huracán de pasión que desatas dentro de mí? ¿Qué parezco no escucharte, qué no te presto atención? No puedo, no puedo hacerlo, tu revuelves mi interior, sólo la pasión, el amor desenfrenado, el deseo incontenible, las ansias, las ganas, la ternura, el cariño... ¿Te fijas?, me pones loco, empiezo a disvariar, no coordino mis ideas.

¿Pero es que acaso soy dueño de lo que siento? ¿Soy poseedor del poder para decidir sobre lo que mi alma anhela? ¿Puedo acaso controlar la turbación que causas en cada una de mis moléculas siempre que te percibo sin importar la distancia?
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Ramón voz del coleo

Anoche conversé con quien fuera mi suegra, llamé para preguntar por mis chamos, para saber de ellos, como estaban... En medio de la conversación me interrumpió para soltarme sin advertencia: - Ernesto, mataron a Ramón Higuera -. Luego de eso hice silencio, tal vez tiempo del que recuerdo porque volví a escuchar su voz: - ¿Sigues ahí?
- Si, si, aquí estoy señora Iris. Bueno la llamo más tarde -. Fue lo único que logré decir.
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Los 10 más leídos

Hoy fue un día bastante tranquilo, mi jefe había salido. Mis compañeros de trabajo desaparecieron, estaba sólo y sin oficio. Me puse a pensar en la inmortalidad del cangrejo, en pajaritos preñados, en la cuadratura del círculo, empecé a jugar con mi nariz, me bebí como dos litros de café, empecé a navegar sin ningún destino, pero nuestro firewall nos protege tanto que sólo puedo visitar mi propia página en localhost. Lo cierto es que no había nada que me quitara en inmenso y pesado aburrimiento que me sofocaba y me tenía casi que dormido sobre mi PC.