Con una mirada que no veía hacia ninguna parte el hombre hablaba con su interlocutor pero más parecía que hablaba consigo mismo:
– Hace días que no escribo nada trascendental, no me hallo, nada me inspira, – decía gesticulando mucho – no se que hacer.
– No se porque tanta alharaca. Tu escribes mejor que ningún blogger que haya conocido – respondió el amigo, para luego agregar: – Actualizas no menos de treinta veces al día y ya casi ni duermes respondiendo a los cientos de comentarios de todos tus lectores en los quince blogs que mantienes…
– Diecisiete blogs mi hermano, son diecisiete blogs – interrumpió el otro.
– Bueno, como sea, tu sabes a lo que me refiero – Terminó tajante el amigo.
El bloguero se acomodó los lentes parsimoniosamente, hurgó en sus bolsillos, sacó un cigarrillo, lo encendió, dio una gran bocanada y exhaló el humo formando una nube gris sobre su cabeza y la de su amigo. Aspiró nuevamente el cigarrillo y continuó con la conversación:
– Justamente ese es el problema, justamente ese es el problema – repitió. El cigarrillo nuevamente se dirigió a su boca, inhaló una nueva fumarada y siguió: – Como sabes tengo un blog de tecnologías inalámbricas, otro sobre gadgets y vainas frikies, tengo uno sobre sexo y pornografía, por cierto uno de los más visitados. Casi se me olvida el que dedico a tecnologías y desarrollo de páginas web interactivas. Además de eso, participo como colaborador en el blog aquel de evaluaciones de acciones y bonos en la bolsa.
Una nueva aspiración al cigarro y luego por pura maña sacó la cajetilla de cigarrillos colocándola sobre la mesa frente a su amigo. De inmediato este cogió un cigarrillo y lo encendió, acompañando al amigo en la ceremonia de envenenamiento más practicada por la humanidad.
– No puedo dejar de mencionar el blog infantil con temas de educación y pedagogía – continuó el bloguero. El blog sobre recetas tradicionales sudamericanas, ese no puede obviarse aunque le tengo medio olvidado, hace ya como treinta horas que no escribo allí.
– No olvides el blog de béisbol, ese me encanta, sobre todo cuando te burlas de los idiotas del equipucho ese – intervino el amigo.
– ¡Claro!, casi lo obvio – respondió el bloguero con una sonrisa de satisfacción, luego siguió: – Uno que me encanta es ese donde escribo haciéndome pasar por mujer, es lo máximo, todo ese montón de mujeres que me escriben pidiendo consejos – dijo esto riendo abiertamente.
– Otro que me gusta mucho es el de historias y cuentos.
De pana, escribes muy bien y además logras atrapar con tus letras a quienes te leemos.
– Si, ese es bueno. ¿Sabes cual me encanta escribir?, el de listas, ya sabes, el de cien cosas que las mujeres hacen mal, treinta y cuatro cosas que me encantan de los renaults, sabes a que me refiero.
– Ese es excelente, no se como haces para sacar tantas listas.
– No es difícil, sólo práctica. Uno que no me canso de escribir es el de política, siempre es interesante saber lo que la gente piensa, además, escribir comentarios anónimos contra mis propias opiniones es demasiado bueno, la gente termina discutiendo unos contra otros.
Ambos amigos se miraron y sonrieron asintiendo. Luego el bloguero se levantó mientras decía: – ¿Quieres un café, un
refresco, algo?
– No, tranquilo compadre, toma tu lo que quieras. Por cierto un blog con el que no me termino de adaptarme es ese nuevo que tienes.
– ¿Cuál amigo? – preguntó el bloguero.
– Ese vale, ese de temas satánicos y vainas de esas.
Con una sonrisa extraña el bloguero respondió: – Bueno, sabes que esos temas siempre me han fascinado, además, no te imaginas cuantas
carajitas he conocido con ese tema. Se visten como vampiras y hacen el amor igual.
– Eso no lo sabía – respondió el amigo mientras exhalaba otra humarada, luego siguió: – Otro que es muy bueno es el de farándula y chismes sobre gente famosa, ¿cómo haces para conseguir la información?
– Tengo mis contactos, además no creas. Yo me dedico a investigar, fíjate que esa página tiene casi treinta mil visitas diarias. De pana la gente es chismosa – volvió a reír el bloguero.
Mientras aún reía, el bloguero se sirvió un vaso con jugo que había sacado de la nevera. Se sentó nuevamente frente a su amigo y siguió: – El de tuning y carros deportivos es muy bueno, sin humildad lo digo.
– Si, ese es bueno, pero me gusta más el de reggae y rasta. Los colores y el diseño de la plantilla son excelentes.
– Tienes razón, pero el máximo blog es el de reflexiones irreflexivas, gozo un mundo con las loqueras que escribo y lo mejor es que la gente me cree un gurú del auto conocimiento y el mejoramiento personal, de verdad es lo máximo.
– ¿Qué te puedo decir? De verdad la gente cree en cualquier pendejada.
Ambos rieron cómplices. Luego el bloguero tomó otro cigarrillo y lo encendió. Su rostro cambió de una expresión alegre a una de preocupación y turbación.
– No se que hacer amigo, – dijo en tono grave – con todo y eso, siento que no estoy dando todo de mi. Hay días que escribo hasta cuarenta posts, respondo hasta doscientos comentarios pero aún así me sigue faltando. Todo esto me está volviendo loco, ¿tu qué crees?
El amigo lo miró con ojos de reproche, se notaba enojo en su rostro.
– ¿Te parece poco? Además vives de eso, conoces chicas, has hecho muchos amigos, económicamente estas bien. Lo último que supe es que estabas en negociaciones con
Matt Mullenweg. No se que más quieres.
– Si, el tipo quiere desarrollar junto a mi una plataforma para microblogging más allá de Twitter y esas pasguatadas, quieres que la gente pueda bloguear desde sus teléfonos caseros, con el correo tradicional y hasta por telegrama. Ya le di mis ideas y desarrollé una plataforma completa para eso. Sin embargo, aún se que falta más. – Dijo el bloguero casi llorando.
– ¡Jódete!