| Sólo 23 hablaron pajita

¡Hasta la vista baby!

Escribo estas líneas completamente fuera de tópico para informar a quienes amablemente visitan la página de que estaré viajando unos días. Estaré de visita en la ciudad de Maracay, estado Aragua, ciudad jardín de Venezuela. Si algún bloguero o bloguera me hiciera una invitación con todos los gastos pagos, estoy en la mejor disposición de aceptarla ;-). Durante mi ausencia no se si podré conectarme. Si no fuera el caso, pues ya les contaré de mis nuevas andanzas por los caminos - aunque debo admitir que eso me fastidia -. Les informo, en todo caso, que el viaje es por una oferta de trabajo que espero se concrete (esto de andar sin oficio es de pinga, pero la pelazón no se aguanta). Lo cierto es que si todo sale bien, estaré muy pronto de regreso y con los bolsillos llenos, sino de dinero, por lo menos de nuevas vivencias. Espero pues, sepan disculparme.

La serie sobre los siete pecados capitales continuará apenas me "reincorpore" a mis habituales sesiones de navegación.
| Sólo 17 hablaron pajita

Ira

Alfonso Dos Santos y Vasconcelos, inmigrante portugués llegado a Venezuela hacía ya más de cuatro décadas era un hombre cuya vida era plena. Con su propio esfuerzo se había convertido en un empresario poderoso y, sobre todo, muy rico.

Dos Santos llegó con la tercera oleada de emigrantes que llegaron de Europa a finales de los sesenta, cuando aún no era Venezuela el paraíso tropical-saudí en que se convertiría algunos años después.
| Sólo 12 hablaron pajita

Luxuria

No insista, porque no me siento culpable. Tal vez avergonzado, pero arrepentido no y quiero contárselo todo, trataré de no omitir detalles. No tiene que gritarme. Voy a decirlo todo. A ver...

Después de tomarme unas ocho o diez cervezas, el alcohol estaba ya haciendo su trabajo en mi cerebro. Medio adormilado, sentado en una silla en la barra de ese bar, me dedicaba a mirar las burbujas que subían a través del dorado líquido, mi mente estaba completamente distraída, me hallaba perdido en mi propia ebriedad, pensando sin pensar y viendo todo sin mirar nada.
| Sólo 14 hablaron pajita

Avaritia

Miguelina Montes pasaba de los setenta años, sus cabellos ya blanqueados por el tiempo siempre estaban amarrados con un moño tan apretado que parecía estarle halando dolorosamente la piel del rostro. Sus ojos quedaban achinados de tanto que aquel moño estiraba su envejecida piel. Su vestimenta se acomodaba a aquel rostro de manera extraña, vestía siempre faldas largas que arrastraban por el suelo a sus espaldas y caían sobre sus pies dejando sólo las puntas visibles. Los colores eran siempre obscuros. Cubría su pecho con blusas siempre en tonos grisáceos, algunas veces un estampado en flores - siempre rosas -, adornaba la tela de tan adusta vestimenta. Sus grandes tetas caían dentro de la tela llegando hasta su cintura, donde el fajín de la falda evitaba la salida de estas por la parte inferior de la blusa. No importaba que falda o que blusa utilizara, se veía eso si, que aquella ropa era vieja y muy usada, algunas de las blusas dejaban ver su piel marchita y sus tetas caídas debido a la transparencia que el desgaste producía en la tela.